WALDO TORREZ

Los méritos acumulados por la mal llamada “nacionalización” que permitió el aumento del lucro, se desvaloriza por el subsidio. El Gobierno al prohibir a YPFB aumentar el precio de los combustibles consigue evitar el aumento de la inflación y resguarda su reputación política, pero ¿es éste un manejo responsable de la gestión económica?

Continuar con la dependencia tendrá varios efectos, primero: la falta de suficiencia en la producción deja un déficit cada vez mayor en las cuentas externas de energía pues consumimos más de lo que producimos; segundo: obliga al Estado a aumentar el monto de dinero necesario para subsidiar el precio de la gasolina y el diésel; tercero: cuanto mayor sea la brecha entre el precio interno y el internacional de petróleo se incentiva más el contrabando, es decir, los bolivianos estamos subsidiando a los contrabandistas y consumidores de países vecinos; cuarto: el recurrente error del Gobierno de permitir la nacionalización de vehículos, además de resentir al comercio formal, se legaliza el delito y se termina subsidiándolo; quinto: al aumentar la flota aumenta el consumo y por supuesto la pérdida para el Estado, y sexto: las inversiones privadas en el rubro están impedidas por las propias contradicciones del régimen que por un lado llama a invertir y por otro amenaza y reestatiza la inversión privada.

Nivelando el precio de los combustibles al internacional ocasionará inflación inmediata, pero si mantiene la política del subsidio frena la proyección económica del país y mata la autosuficiencia. Así, seguiremos importando derivados del petróleo y mantendremos nuestra vulnerabilidad a choques externos. Con esta política económica errada, el Gobierno perjudica el crecimiento del país y evita el aprovechamiento de todo el potencial de YPFB. El subsidio, que este año provocará un perjuicio previsto en 1.000 millones de dólares, un tercio de la inversión pública para la gestión 2013, ocasiona el estrangulamiento financiero de la estatal, le impide ejercitar nuevas exploraciones y explotaciones y desencadena un círculo vicioso que agrava la dependencia de las importaciones. Los resultados de YPFB, a pesar de la retorica del régimen, exponen los estragos de esta política.

El dilema es complejo, difícil y doloroso, es una de aquellas situaciones en que las opciones son perder o perder para el régimen, quien tiene que reflexionar que si no se encara la solución esta situación perjudicial se agravará, no tanto en su interés político circunstancial, sino para los altos intereses permanentes del Estado.

Nadie sabe cuándo podremos conquistar nuestra autosuficiencia porque no existen planes al respecto. Al no existir metas, no hay cómo pedir que se honren.

Tomado de opinion.com.bo

Pin It