Cuidado con el efecto Boromir
HUGO MARCELO BALDERRAMA
Los Inklings eran un cenáculo literario de académicos y escritores británicos, cristianos en su gran mayoría, vinculados a la Universidad de Oxford que se reunió en la ciudad del mismo nombre entre los primeros años de 1930 hasta la década del 60, aunque su época más próspera duró sólo hasta finales de 1949.
Los Inklings eran entusiastas de la literatura, que ponderaban el valor de la narrativa en ficción, y que impulsaban la escritura de fantasía. Algunos de sus miembros más celebres fueron Clive Stanples Lewis, Owen Barfiel -el primer y último inkling- y John Ronald Reuel Tolkien -la escritora Dorothy Leigh Sayers era amiga de Lewis y Tolkien, pero no asistía a las reuniones-. Esas tertulias, que según muchos eran bastante divertidas, nos regalaron algunas de las obras más geniales de la literatura de fantasía en el siglo 20. Por ejemplo, Las crónicas de Nardia y El señor de los anillos.
Si bien, la temática de El señor de los anillos gira alrededor de los mitos, no significa que no tenga enseñanzas para la política. A lo largo de sus páginas, Tolkien nos muestra diálogos como el siguiente:
Boromir: "Ninguno deberíamos andar a solas. Y tú menos que nadie. Mucho depende de ti. Sé porque buscas soledad. Sufres, lo veo día a día. ¿Seguro que no sufres sin necesidad? Hay otras posibilidades, Frodo. Otros caminos posibles".
Cuba: La tragedia del colectivismo
JOSE AZEL
Hace más de medio siglo la Revolución cubana abolió todos los derechos de propiedad privada, buscando el paraíso en La Tierra bajo la premisa comunista de que toda la comunidad sería propietaria de todo y emergería un “hombre nuevo” que resultaría colectivista en su perspectiva y dispuesto a sacrificarse por el bien común. Ese experimento resultó en una sociedad distópica en bancarrota económica, caracterizada por enormes sistemas represivos de control social y un gobierno sin límites de poder sobre sus ciudadanos.
Hoy, el colapso de la economía cubana puede rastrease claramente hasta su ideología colectivista y las acciones contra los derechos de propiedad privada. La falacia de los enfoques colectivistas fue descrita vívidamente por Garrett Hardin en su influyente artículo científico de 1968 titulado “La tragedia del colectivismo” (The Tragedy of the Commons). El artículo describe el dilema de pastores compartiendo un pasto común en el cual pastorean a sus reses. La “tragedia del colectivismo” es una metáfora para explicar una relación estructural y sus consecuencias; específicamente la propiedad colectiva versus la privada.
Alerta Roja en España
IAN VASQUEZ
Como la mayoría de los gobiernos del mundo, el español aumentó el papel del Estado para enfrentar la crisis desatada por la pandemia. A diferencia de otros países ricos, sin embargo, el Gobierno está usando el estado de alarma y los poderes de emergencia para cambiar el modelo social y económico de manera permanente. En España, la crisis no es solamente sanitaria y económica; la democracia liberal también está en peligro.
Antes de que irrumpiera el coronavirus, la nueva coalición que gobierna España –el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidas Podemos (UP)– ya tenía como proyecto la transformación de las instituciones y políticas del país hacia el colectivismo. En un país cada vez más polarizado, el PSOE abandonó la socialdemocracia y se acercó al programa político antisistema y revolucionario de UP. Para el economista Lorenzo Bernaldo de Quirós, no se trató “de un simple cambio de gobierno, sino de régimen”, cambio que la crisis actual ha acelerado.
Los neosocialistas
ALFREDO BULLARD
Me dijeron hace unos días, en redes sociales, que los liberales seremos culpables si se elige a Urresti como presidente. Dijeron incluso que Urresti hará “palidecer al dictador africano Idi Amin”.
Otros dicen que la situación actual es culpa de un liberalismo suicida o esquizofrénico que ha debilitado al Estado y es culpable de la falta de respiradores.
Lo cierto es que la incapacidad de los neosocialistas (o socialistas confusos) no deja de sorprenderme. Son pensadores que se resisten a llamarse a sí mismos socialistas, pero que propugnan las ideas trasnochadas que explican el fracaso económico y social en todos los lugares y tiempos en que se han implementado. Creen que si pensamos un poco como Urresti (si lo que hace se puede llamar pensar), hará que los peruanos no voten por él.
Parten de que los liberales promueven un Estado débil y que nada de esto hubiera pasado si hubiéramos tenido un Estado fuerte.
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