ROLANDO TELLERÍA
El corporativismo es, sin duda, una eficiente estrategia de reproducción del poder. Es un mecanismo a través del cual se organiza un sistema de representación de intereses y/o posiciones para vincular diversos planteamientos de algunos "grupos” de la sociedad civil con la estructura de toma de decisiones del Estado.
Esta vinculación se produce a través de diferentes organizaciones de la sociedad civil (cocaleros, cooperativistas mineros, Central Obrera, movimientos sociales, etcétera en Bolivia) reconocidas y autorizadas por el Estado que, a su vez, les otorga el monopolio de la representación, donde se observan diversos controles en la selección de líderes, articulación de demandas y apoyo electoral.
Esta dinámica tiene como resultado la moderación de demandas, soluciones negociadas y cooptación de líderes, en una relación simbiótica con prácticas clientelistas y patrimoniales.
En México, esta eficiente herramienta política, para la reproducción del poder, ha sido exitosamente utilizada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), mecanismo con el que gobernó durante más de 70 años.
En Bolivia esta estrategia fue eficientemente utilizada por el MNR durante los primeros doce años de su gobierno (1952-1964), cooptando a dirigentes de la Central Obrera Boliviana y del movimiento campesino con cargos de primer orden en el Ejecutivo y Legislativo, donde participaban en las decisiones de políticas públicas.
En estos últimos cuatro años, el MAS, utilizando este mecanismo, nada desdeñable en política, ha cooptado, a su estilo, a los líderes de los principales sectores y de los llamados "movimientos sociales”.
En orden de prelación, se puede identificar a las Federaciones del Trópico de Cochabamba, la Federación Nacional de Cooperativistas Mineros, Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos, Federación Sindical de Mujeres Campesinas Bartolina Sisa, Confederación Nacional de Juntas Vecinales, Central Obrera Boliviana, transporte federado y algunos sectores del comercio minorista informal.
En los diversos estamentos del poder y del Estado, estos sectores tienen su representación, o, mejor dicho, su respectiva cuota de poder. Si bien en su composición estos grupos son heterogéneos, juntos poseen una gran y amplia capacidad de movilización frente a cualquier eventualidad política. En concentraciones y marchas de apoyo, en conflictos, pero, sobre todo, en época electoral, se convierten en una máquina impresionante en la ingeniería política para la reproducción del poder.
Los gobiernos que utilizan esta estrategia política asumen el peligro de una articulación horizontal contraria a las líneas oficiales, así como la desideologización y pérdida del norte. Estos dos últimos síntomas ya se pueden advertir en las filas del partido de gobierno.
Sin embargo, el mayor peligro de la forma corporativista es para la sociedad en su conjunto y el propio sistema democrático. En determinado momento, estos sectores priorizan más sus intereses, colocando en riesgo las políticas de Estado, instante donde la población en su conjunto queda expuesta a merced de los "movimientos sociales”. Esto es lo que exactamente ha sucedido en el conflicto de los cooperativistas mineros.
Profesor de la carrera de Ciencia Política en la UMSS
Tomado de paginasiete.bo
