La falacia de Bernie Sanders
DAVID BROOKS
Estamos en una era dorada para los “ellismos”. Esta es una creencia de que hay una élite malévola allá afuera y “ellos” están destruyendo la vida del resto de nosotros.
Por un lado, está el “ellismo” de la lucha cultural de Donald Trump: las élites culturales de las costas odian a los estadounidenses genuinos, desprestigiando nuestros valores y abriendo nuestras fronteras. Por otro lado, está el “ellismo” de la lucha de clases de Bernie Sanders: los billonarios han manipulado la economía para beneficio propio y para empobrecer a todos los demás.
Cada una de estas versiones adopta una tensión real en la sociedad y la exagera hasta convertirla en una caricatura en la cual una parte de los Estados Unidos está intentando destruir a la otra parte.
El Partido Republicano ha sido totalmente absorbido por la lucha cultural de Trump, y muchos demócratas parecen estar precipitándose a unirse a la lucha de clases de Sanders.
Estos demócratas están haciendo lo anterior a pesar de que es suicidio político.
El éxito de Estonia
VICTOR H. BECERRA / MIGUEL A. CERVANTES
Estonia es un gran ejemplo de un país que hizo reformas de libre mercado de forma rápida y valientemente. El país hizo una transición ágil al libre mercado y, por derivación, a la democracia y a una sociedad abierta, con un gran éxito económico, junto con los otros dos países bálticos de ascendencia soviética, Letonia y Lituania. Al hacerlo forma temprana, logró consolidarse como la economía báltica más atractiva y ha tenido buenos beneficios, como entrar en la Unión Europea (2004). En los últimos años la economía estonia disfruta de uno de los mayores crecimientos de la Eurozona. En tal sentido, Estonia podría ser un gran referente para otros países que quieren reformar exitosamente sus economías.
Estonia ha luchado larga y pacientemente por su libertad: en 1918 se independiza de Rusia y crea un estado moderno. La alegría no duraría mucho, ya que el país fue ocupado por los comunistas, los nazis y de nuevo los comunistas, hasta la caída de la Unión Soviética en 1991, cuando Estonia tuvo el liderazgo y la determinación para quebrar el status quo impuesto por la Unión Soviética. Así, ese año, Estonia obtiene su libertad después de 50 años de ocupación soviética.
El narcotráfico y el Socialismo del siglo XXI, una alianza letal
HUGO MARCELO BALDERRAMA
El 20 de enero de 1984, y con motivo de su renuncia a la vida política, Pablo Emilio Escobar Gaviria pronunció las siguientes palabras: «Seguiré en la lucha franca contra las oligarquías y las injusticias, y contra los conciliábulos partidistas, autores del drama eterno de las burlas al pueblo».
La llegada de Escobar al congreso colombiano no debería sorprendernos. Total, el fallecido narcotraficante no hizo nada diferente a Evo Morales, Hugo Chávez o Lula da Silva. Su estrategia fue asumir la «defensa» de los pobres y marginados del barrio La Paz del municipio de Envigado. Lugar donde sembró miles de árboles y gestionó la construcción de escenarios deportivos -paradójicamente, el objetivo de esas obras era alejar a los jóvenes de las drogas-.
La jugada fue un éxito, porque le permitió alcanzar un puesto en el consejo municipal en las elecciones de 1979. Ya en 1982, de la mano del partido Alternativa Popular y la asesoría de Alberto Santofimio, Escobar volvió a repetir la jugada, pero esta vez para las elecciones congresales.
El liberalismo es más o menos una porquería
ALEJANDRO BONGIOVANNI
Asumo que todos conocemos la fábula de Esopo –adaptada luego por La Fontaine– de la cigarra y la hormiga. Es verano y una cigarra canta alegremente a la sombra mientras una sudorosa hormiga traslada trabajosamente hojas y semillas hacia su morada. Luego llega el invierno y la cigarra sufre frío y hambre. Va a pedirle ayuda a la bien provista hormiga quien le replica: “Mientras yo trabaja todo el día, tú cantabas a la sombra. Ahora tienes lo que mereces” y le cierra la puerta en la cara.
Hace pocos días, frente a un grupo de chicos pregunté: ¿cuál actuó según los principios liberales: la hormiga o la cigarra? La respuesta fue inmediata y casi unánime. Todos –menos un chico, que me miraba con cara extrañada– respondieron en coro: la hormiga. Porque fue previsora, porque trabajó duro, porque dispuso de los frutos de su esfuerzo, porque no pidió nada a nadie, fueron las respuestas. ¿Y la cigarra por qué actuó de manera contraria al liberalismo?, pregunté. Porque en lugar de trabajar estuvo descansando, porque quiso parasitar el fruto del trabajo ajeno. Incluso una chica hizo un análisis comparativo entre las virtudes de los productores y el vicio de los artistas.
Sólo faltaba la opinión del chico que me miraba con cara recelosa, hasta que finalmente levantó la mano: “Perdón, pero no veo ninguna relación entre la conducta de la cigarra y la hormiga con el liberalismo”. Le sonreí y lo felicité.
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