Las preocupaciones de Europa por el escenario iraní
George Chaya
En la mirada europea actual Irán es una problema recurrente que todos desearían resolver. Algunos años atrás, muchos en Europa creían que se había desvanecido en el olvido. Ahora, sin embargo, la pesadilla está de vuelta en escena con tambores de guerra sonando a diario.
Lo cierto es que, aparte del deseo de que el problema deje de ser un problema, la Unión Europea nunca ha tenido una política coherente para lidiar con él. Las mieles de los ocho años de la gestión del presidente Barack Obama en torno al tema de Irán permitieron a los europeos posponer un análisis serio de las relaciones con la República Islámica, pero esas mieles se han esfumado.
¿Por qué molestarse en estudiar teoría económica?
C. Jay Engel
Lo más emocionante de la metodología austriaca de investigación económica es que, para citar al propio Mises, no relega la economía a las aulas, a las «oficinas de estadística» ni a los «círculos esotéricos». En cambio, ofrece a todos los que buscan tales conocimiento, un conjunto de ideas sobre cómo los hombres se relacionan con otros hombres y cómo la propia sociedad se desarrolló desde condiciones de desesperación empobrecida hasta un mundo de abundancia y comodidad.
Uno de los aspectos más devastadores del auge de las matemáticas y el modelado como método de economía es que este cambio empujó a la economía como una ciencia fuera del interés y la comprensión del laico. Se convirtió en un campo de «experiencia» para profesionales que estaban bien entrenados en fórmulas complejas, análisis estadístico y actividades aritméticas. Pero los fenómenos económicos no pueden entenderse de manera adecuada o precisa minimizando el papel de la acción humana en la sociedad. Después de todo, ¿qué es una economía, excepto una metáfora de las miles de actividades, juicios, decisiones de asignación, escalas de preferencias y relaciones interpersonales entre seres humanos reales, vivos y razonados?
La violencia sólo se soluciona con más paz
Alejandro A. Tagliavini
Por tomar un ejemplo, cito a Jorge Galindo que escribió que “si el Estado no tiene el monopolio de la violencia, alguien lo tendrá…”, y sería el caos. Quizás, pero no olvidemos que la violencia induce, por el principio de acción y reacción, más violencia.
O, como decía el filósofo Franz Oppenheimer, “El Estado… es una institución forzada por un grupo victorioso sobre un grupo derrotado, con el propósito de regular… la explotación económica de los vencidos”.
Es decir, sea o no inevitable el Estado –el monopolio de la violencia– debemos tener claro que la paz se conseguirá en la medida en que disminuyamos la violencia y no –incoherentemente– aumentándola, reprimiendo más.
Ahorro, capital, tasa de interés y política

Hugo Marcelo Balderrama
Por naturaleza, la humanidad busca elevar su nivel de vida. El objetivo de la acción del hombre en el mercado es incrementar la cantidad de bienes disponibles.
Las necesidades humanas son ilimitadas, por ende, nunca estarán satisfechas. En cambio, los recursos disponibles son escasos, de ahí la importancia de economizarlos. Con recursos naturales limitados y con trabajo también escaso frente a las aludidas necesidades ilimitadas, los bienes de capital son la única forma de incrementar rápidamente los bienes de consumo.
Se tiene que mezclar inteligentemente trabajo con recursos naturales para obtener bienes de capital. Estos bienes de capital no sirven “per se” para satisfacer inmediatamente al consumidor, pero añadiendo más trabajo se pueden convertir en bienes de capital de orden más bajo y así, sucesivamente, hasta concluir en bienes de primer orden o de consumo.
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