Los países capitalistas son líderes en todos los indicadores sociales que preocupan a la izquierda
DIEGO SÁNCHEZ DE LA CRUZ
La economía de mercado no tiene buena prensa en España. Así lo pone de manifiesto la última edición de la Encuesta de Valores de la Fundación BBVA, que sitúa a los ciudadanos de nuestro país como los más intervencionistas del Viejo Continente. Sin embargo, la evidencia disponible sugiere que esta postura es contraproducente, puesto que son precisamente las economías más abiertas las que consiguen mejores resultados en términos de desarrollo y prosperidad.
Esa relación entre capitalismo y progreso volvió a quedar demostrada esta semana con la publicación del Índice de Libertad Económica del Instituto Fraser, una entidad canadiense que elabora dicha publicación con una amplia base de datos que cubre desde los años 70 hasta nuestros días. Según este ranking, España figura entre las cuarenta economías más liberales del mundo, pero lejos de los puestos de cabeza, que vienen ocupados por Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido, Canadá o Australia.
El alto precio de un «almuerzo gratis»
Uno de los Diez Mandamientos es «no robarás», y el robo es generalmente condenado en la mayoría de las religiones, sin embargo, nuestros líderes religiosos y seguidores esencialmente han hecho la vista gorda al robo del Estado.
Basado en una política de envidia, Bernie Sanders, por ejemplo, ha declarado abiertamente que tiene la intención de gravar a los ricos para que financien sus programas, como si la propia palabra rico justificara el robo. La cosecha actual de otros candidatos demócratas está ofreciendo una colmena de programas gratuitos sin ninguna discusión real sobre cómo pagar por ellos.
La pantomima ambientalista
AXEL KAISER
Pocos temas en la época moderna han adquirido un carácter más religioso que el del medio ambiente, en especial el calentamiento global. La histeria verde se globalizó con el documental de Al Gore Una verdad incómoda en 2006, en la que el posterior Nobel de la Paz haría una serie de predicciones catastróficas que no ocurrieron dentro de los plazos anunciados y que, por lo visto, no sucederán.
De ahí en adelante, el negocio del calentamiento global creció en la forma de miles de millones de dólares de subsidios gubernamentales y de ONG para todo tipo de investigaciones y proyectos que, de alguna manera, se vincularan con el apocalipsis climático. Los profetas del fin de mundo —nada nuevo en la historia humana— dicen que la ciencia está clausurada y se encargan de perseguir como hereje a cualquiera que se atreva a poner en duda su tesis.
Historia de Bolivia
EDITORIAL EL DIA
La historia de Bolivia aflora y se repite en cada acontecimiento relevante que nos conmociona como si fuera la primera vez que ocurre. Así pasa porque nuestra memoria es frágil, porque ignoramos los hechos del pasado o simplemente porque nos los queremos ver, lo que nos condena a vivir en un permanente círculo vicioso, en un interminable remolino que nos hunde cada vez más.
Obviamente no hablamos del mismo fenómeno al que se refiere un rústico ministro, que para consolarse y tratar de calmar la ira de la población, afirma que el incendio en la Chiquitania no es el peor que haya abatido a esa región, pues supuestamente en los últimos diez años ha habido peores y los bosques se han recuperado milagrosamente.
Ojalá tuviera razón en esta última parte, aunque al admitir que este Gobierno, dizque ecologista, se quedó de brazos cruzados pese a los graves antecedentes, está reconociendo inoperancia, indolencia y una ausencia de planificación que asusta.
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