¿El socialismo es solidaridad? Sólo de nombre
JAVIER PAZ GARCIA
Aristóteles escribió que “la mayor satisfacción está en hacer el bien o prestar un servicio a los amigos, invitados o compañeros, lo cual sólo es posible cuando una persona posee propiedad privada” (La Política, 1263b5). El socialismo, al eliminar o restringir la propiedad privada, reduce a su mínima expresión la capacidad del ser humano para practicar la solidaridad. Aristóteles entendió esto hace 2,300 años. Y la evidencia de esta afirmación la podemos constatar mirando las instituciones solidarias que se han creado en países capitalistas como Estados Unidos, Suiza o Inglaterra en comparación con países socialistas como Cuba o la ex Unión Soviética. Existen millones de organizaciones no gubernamentales, empresas privadas y personas particulares que gracias a la riqueza generada en sistemas capitalistas realizan fabulosas labores de beneficencia y solidaridad. El sistema capitalista tiene además el mérito de sacar a muchos de la pobreza y crear mucha riqueza, por lo tanto las instituciones de beneficencia en los países capitalistas pueden captar muchos recursos y repartirlos entre relativamente pocos necesitados. El socialismo genera e incrementa la pobreza de una sociedad, haciendo que haya poco que repartir entre muchos comensales.
La crónica muerte del sistema financiero boliviano
HUGO MARCELO BALDERRAMA
La tasa de interés es el precio más importante del mercado, ya que muestra la relación consumo presente – consumo futuro, y que permite la coordinación intertemporal entre ahorristas e inversionistas.
Pero como los socialistas desconocen los mecanismos básicos con los cuales funciona el mercado, aparte de despreciar la libertad individual, siempre pretenden que la realidad se adapte a sus fantasías utópicas, por eso siempre meten sus “manos visibles” en la economía, y usan el poder del Estado para regular precios tan vitales como las tasas de interés.
Milton Friedman, la economía de los buenos resultados
VICTOR PAVON
El mundo académico mundial celebra en estos días (31 de julio) un aniversario más del nacimiento de uno de los economistas más notables de los últimos tiempos. Milton Friedman (Nueva York, 31 de julio de 1912 - San Francisco, 16 de noviembre de 2006) fue economista e intelectual ganador del Premio Nobel de Economía de 1976 y exponente máximo de la escuela monetarista de la Universidad de Chicago.
Con la versación eminentemente técnica que lo caracterizaba, Friedman también fue sobre todo un pensador, promotor de políticas basadas en la libertad de elegir que, en su momento, atrajo la simpatía del entonces presidente estadounidense Ronald Reagan y de Margaret Thatcher en Inglaterra y hasta más lejos, la propia comunista China continental que le debe gran parte de su apogeo.
El "infierno fiscal" y los programas electorales
ROBERTO LASERNA
Cada año, el Banco Mundial, en acuerdo con el grupo internacional de consultoría Price Waterhouse, estudia el clima impositivo en los países. La situación de Bolivia se encuentra entre las peores del mundo. De hecho, según un índice combinado de variables, en el Informe de 2019 Bolivia ocupa el puesto 186 de los 189 países estudiados. Superamos apenas a Venezuela, Chad y la República Centroafricana. Este estudio da la razón a quienes afirman que vivimos un “infierno fiscal”.
Veamos los datos. El más llamativo es el que registra la proporción representada por los impuestos con respecto a las utilidades que generan las empresas. Mientras ese porcentaje es del 40,4% como promedio en todo el mundo, en Bolivia alcanza al 83,7%. Es decir que de cada 100 bolivianos que una empresa genera de utilidades, solamente logra retener para cubrir los riesgos de inversión y las funciones empresariales unos 16 bs. En este dato se calculan como utilidades la diferencia bruta entre los ingresos por ventas de bienes y servicios y los costos que ha requerido el pago a los trabajadores, la compra de insumos y servicios, los gastos en agua, energía y tratamiento de basuras, y promoción y publicidad. Y se consideran como parte de los impuestos todos los pagos obligados por la legislación, sea a los gobiernos locales o nacional, o a las entidades de protección social. Es decir, IVA, IT, Impuestos a los inmuebles y vehículos, pagos a las AFP y al seguro de salud y, por supuesto, el Impuesto a las Utilidades de las Empresas. En 2007 la carga tributaria total era apenas más pequeña en tres puntos porcentuales.
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