Capuozzo en la fase libertad
LUIS CHRISTIAN RIVAS
Durante los primeros meses de la pandemia de Covid-19 los gobiernos encerraron a las personas por una enfermedad que tiene una tasa de letalidad que no merecía semejante despropósito, así, gobernantes, políticos, policías, fiscales e intelectuales se encargaban de repetir lo mismo: “¡Quédate en casa!”.
También, se metieron al espectáculo actores, cantantes y comediantes que se mostraban en videos como un ejemplo: “¡yo me quedo en casa!”, así, las masas perdían el valor y aceptaban tan cruel destino, la histeria colectiva se apoderó de ellas mientras los censores de semejante escenario orwelliano se encargaban de acusar a sus vecinos, les criticaban por no usar barbijo, ni estar distanciados del prójimo en una suerte de mirar al otro como un leproso, nunca antes se vio un autoritarismo moralista lleno de asepsia y alcohol, los señoritos gritaban sus alaridos liberticidas cuando veían comerciantes vender en la calle: ¡horror de horrores!, ¡donde está la Policía!
No fuimos de España, fuimos España
VANESSA VALLEJO
Cada vez se extiende más en hispanoamérica la leyenda negra de la conquista española. Cada año, el 12 de octubre -día en el que Cristóbal Colón descubrió América-, la ignorancia sube la voz y los militantes izquierdistas aprovechan para hacer propaganda a su indigenismo. “Vinieron a robarnos y a matarnos”, es la idea básica detrás de las consignas anti españolas.
Quien insulta a los españoles no solo desconoce que los conquistadores fueron verdaderos libertadores que nos salvaron de prácticas aterradoras como la antropofagia, sino que insulta a sus ancestros. Tenemos herencia española e indígena, mucho más lo primero que lo segundo. Quienes emiten alaridos en contra de la madre patria en realidad se insultan a sí mismos, todo lo que somos los hispanoamericanos es herencia española.
El 12 de octubre es un día maravilloso para recordar lo que era América antes de la llegada de Colón y lo que lograron los españoles en las nuevas Españas. Porque no éramos de España, éramos España.
Las ideas libertarias de Adela Zamudio
LUIS CHRISTIAN RIVAS
Durante la vida de Adela Zamudio (1854-1928) las ideas que gobernaban el ámbito intelectual y político correspondían al positivismo y liberalismo político. Las ideas del progreso, industrialización, conocimiento científico, educación, etc., servían para curar las heridas de una sociedad que había perdido el acceso al océano pacífico.
Adela Zamudio participó activamente en las discusiones y críticas de una sociedad conservadora, religiosa y semifeudal donde la mujer tenía pocas opciones laborales, sino dos caminos para involucrarse en el medio social: el matrimonio o el convento. Zamudio critica este esquema impuesto por una moral religiosa y se burla de esa postura en “¿Quo Vadis?” y propone la educación secular de las mujeres con el derecho del voto como una libertad política mediante su manifiesto poético: “Nacer Hombre”, estas ideas fluyen como agua limpia y purificadora, pero al mismo tiempo son un programa político para liberalizar la sociedad.
La cura para la inflación
HENRY HAZLITT
[Este artículo es una selección de What You Should Know About Inflation, publicado por primera vez en 1960.]
La cura de la inflación, como la mayoría de las curas, consiste principalmente en la eliminación de la causa. La causa de la inflación es el aumento del dinero y el crédito. La cura es dejar de aumentar el dinero y el crédito. La cura para la inflación, en resumen, es dejar de inflar. Es tan simple como eso.
Aunque simple en principio, esta cura a menudo implica decisiones complejas y desagradables en cuanto a los detalles. Comencemos con el presupuesto federal. Es casi imposible evitar la inflación con un fuerte déficit continuo. Ese déficit es casi seguro que será financiado por medios inflacionarios, es decir, imprimiendo directa o indirectamente más dinero. Los enormes gastos del gobierno no son en sí mismos inflacionarios, siempre que se hagan con los ingresos de los impuestos, o con los préstamos pagados con los ahorros reales. Pero las dificultades en cualquiera de estos métodos de pago, una vez que los gastos han pasado un cierto punto, son tan grandes que casi inevitablemente se recurre a la imprenta.
Además, aunque los enormes gastos que se sufragan con enormes impuestos no son necesariamente inflacionarios, reducen e interrumpen inevitablemente la producción y socavan cualquier sistema de libre empresa. Por lo tanto, el remedio para los enormes gastos gubernamentales no son los impuestos igualmente enormes, sino el cese de los gastos imprudentes.
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