Economía

GUILLERMO CABIESES 

Las fallas del mercado suelen definirse como situaciones en las que el mercado no logra alcanzar la eficiencia, porque el comportamiento individual de cada persona tratando de maximizar sus beneficios se contrapone al supuesto mejor resultado social. Típicamente se identifican como fallas del mercado a la asimetría de información, los monopolios, las externalidades y los bienes públicos. Cuando una de éstas se presentan es típico que los economistas aboguen de inmediato por un intervención estatal que remedie la falla. Sin embargo, como bien señaló el profesor de UCLA, Harold Demsetz, esto es caer en la “Falacia del Nirvana”. Es decir, errar al comparar la alternativa existente (el mercado) con una ideal (lo que pasaría si el gobierno interviene) y no una real (lo que realmente pasa si el gobierno interviene), es creer que el gobierno no falla y no ser conscientes de que el remedio puede ser peor que la enfermedad.

Y es que, bien vistas las cosas, el concepto de falla de mercado se contrapone a otro que puede ser bastante más grave, la falla del gobierno, que es cuando la regulación que se crea para remediar una falla de mercado conduce a una situación en la que la sociedad se aleja aún más de la eficiencia.

Un caso emblemático de una falla de gobierno es la prohibición de emitir publicidad para remediar asimetrías informativas, cuando justamente la publicidad está pensada para transmitir información y reducir esa asimetría; otro, la obligación de revelarle al consumidor absolutamente toda la información existente respecto de un producto, como en el caso de las ventas por internet, en donde el consumidor recibe mucho más información de la que puede y quiere procesar, optando por ignorarla. En ambos casos, sin embargo, los precios suben y el consumidor está peor, con productos más caros y menos información.

GABRIELA CALDERÓN 

A principios de los 2000 empezó a caer una especie de “maná del cielo” cuando los precios de los commodities empezaron a subir. En este contexto llegaron al poder varios “socialistas del siglo XXI”. Como la mayoría de los países en Latinoamérica son principalmente exportadores de productos primarios, he aquí el golpe de suerte. Los políticos, como es usual, corrieron a atribuirle a sus políticas públicas los impresionantes indicadores económicos. No obstante, hay grandes diferencias en las políticas públicas de los gobiernos de la región, cuyas fortalezas y debilidades solo se están volviendo evidentes ahora que ya han pasado varios años y que estamos llegando al fin de la bonanza.

Cuando la fortuna favorece a todos, siempre hay unos que la aprovechan mejor que otros. Comparemos algunos países socialistas del siglo XXI y algunos que se han destacado por su tendencia hacia un modelo económico de menor intervención estatal. En el primer grupo consideremos a Venezuela y a uno menos radicalizado como Ecuador. En el segundo grupo consideremos a Chile, Colombia y Perú. Entre 2006 y 2011 el PIB real ($ constantes del 2000) creció en un 20% en Chile, 23,9% en Colombia, ¡40%! en Perú. En cambio, Ecuador creció en un 22,6% y Venezuela solo ¡13,7%! Durante el mismo periodo, el PIB real per cápita creció un 15% en Chile, 15% en Colombia y 33% en Perú. Las cifras para Ecuador y Venezuela son menores, 14% y 5%, respectivamente.1

En los países socialistas del siglo XXI considerados se incrementó el gasto público más que en los países que se mantuvieron en la senda de la apertura económica y la democracia republicana. Entre 2006 y 2011, el gasto público como porcentaje del PIB aumentó en 4,6 puntos porcentuales en Chile, 1,5 puntos porcentuales en Perú y disminuyó en 0,1% de un punto porcentual en Colombia. En cambio, en Ecuador aumentó en ¡23! puntos porcentuales y en Venezuela en 6 puntos porcentuales (y en 2011 el gasto público como porcentaje del PIB de estos dos países más que duplica aquel de Perú).2

EDUARDO BOWLES 

Acaba de publicarse un estudio de la Cámara de Empresarios de la Construcción que indica que en el 2013, se invirtieron más de 500 millones de dólares en obras habitacionales y comerciales en Santa Cruz. Sólo hace falta echar una ojeada a cualquier punto de la ciudad para darse cuenta de que hay edificios, condominios y locales de negocios que se están edificando de manera incesante, un fenómeno que se repite en todo el país.

El crecimiento experimentado en la pasada gestión en el rubro de la construcción representa el 4,3 por ciento y Santa Cruz lleva la delantera a nivel nacional, dato que se puede comprobar con la demanda de cemento, el 32 por ciento, mientras que La Paz absorbe el 24 por ciento y Cochabamba el 19 por ciento. Según los empresarios, el volumen construido localmente sobrepasa los 1,1 millones de metros cuadrados. No hay duda que este fenómeno es positivo y es nada menos que el reflejo de la bonanza económica que atraviesa el país producto del auge de las exportaciones de las materias primas. Obviamente contribuye a esta expansión el apogeo del sector informal y, por qué no decirlo, el florecimiento de las actividades comprometidas con la ley. Eso lo admiten todos los actores del quehacer productivo, algo que debería llamarles la atención a los operadores económicos del Gobierno pues se trata de una escalada con muchas fragilidades.

El otro factor que se debe observar es que si bien la construcción moviliza muchos sectores como la industria del cemento, genera fuentes de empleo y dinamiza el comercio, no se trata de un sector productivo por excelencia y en este momento está funcionando como una medida de refugio de los capitales que no encuentran otras vetas de inversión debido a la inseguridad jurídica y a la ausencia de oportunidades que se genera por el acoso gubernamental al sector privado. Un dato que expresa muy bien este comportamiento es que los 500 millones de inversión en construcción en Santa Cruz, representan la mitad de toda la inversión extranjera directa en el país.

ARMANDO MÉNDEZ

Las asociaciones mutuales de ahorro y préstamo para la vivienda (mutuales) se constituyeron, por voluntad de sus socios fundadores, como personas colectivas de derecho privado, en tiempos en que prácticamente no existía el crédito para financiar viviendas. La vigente Ley de Bancos recogió este hecho y las incluyó autorizándolas a captar recursos y a otorgar préstamos, bajo fiscalización de lo que ahora se denomina ASFI. Han cumplido un gran rol dando soluciones habitacionales.

El desarrollo económico de las sociedades está sujeto al continuo cambio, nada se mantiene estancado. Ayer la aparición de las mutuales fue algo beneficioso, pero ahora ya es una forma anacrónica en el mundo financiero. Esto requiere que las mutuales se transformen en sociedades anónimas, también por decisión de sus asociados.