ÁLVARO RÍOS
En el corto a mediano plazo habrá déficit y pugnas por el gas de Bolivia y más importaciones de GNL a Argentina y/o Brasil. Esto debido a que los tres países suspendieron sus ciclos exploratorios. Empero, el escenario de largo plazo para Bolivia sin duda que se está tornando complicado y es la causa para la desesperación
Vamos a conceder incentivos a las petroleras y vamos a buscar hidrocarburos hasta en los parques nacionales protegidos.
EDUARDO BOWLES
Países como Suecia, Alemania, Suiza e Italia, no tienen recursos naturales en abundancia como los tiene Bolivia, cuyos ingresos dependen en más del 80 por ciento de las ventas del gas y los minerales. En aquellas naciones, casi el 100 por ciento de lo que le ingresa al Estado proviene de los impuestos que pagan los ciudadanos sin excepción, que se benefician luego de la mejor educación, atención sanitaria y seguridad social del mundo.
En Bolivia, menos del 20 por ciento de la población paga impuestos y los pocos contribuyentes que hay, son objeto de un hostigamiento nunca antes visto en la historia boliviana. En todo el país se multiplican los letreros con las inmensas letras rojas que dice “CLAUSURADO”, mientras que casi el 80 por ciento restante, goza de lo más semejante a un paraíso fiscal, llamado en este caso “Informalidad”.
Mientras que en las naciones citadas arriba, los que más ganan pagan más impuestos, en Bolivia, un comerciante se da el lujo de decir públicamente que gasta 500 mil dólares en su participación en la fiesta del Gran Poder y aún así y por “cuestiones sociales”, recibe el beneficio del fisco de ser incluido en el “Régimen Simplificado”, pensado para microempresas cuyo capital no sobrepasa de los 37 mil bolivianos.
Recientemente, el Gobierno hizo intentos por hacer cambios en esta estafa pública que protege la evasión, proponiendo que el tope máximo del Régimen Simplificado suba a 110 mil bolivianos, lo que permitiría incorporar cientos de miles de comerciantes de los mercados y ferias al universo contribuyente. Las organizaciones de gremiales, entre los que figuran los vendedores de ropa usada, cuya actividad está prohibida desde hace años, organizaron varias movilizaciones e hicieron desistir de sus intenciones al régimen que se prepara para enfrentar un periodo electoral bastante agitado.
HUMBERTO VACAFLOR
El decreto que norma el programa Bolivia cambia, Evo cumple establece que los recursos que las regiones no llegasen a ejecutar en una gestión serán revertidos al Gobierno central y usados por ese programa. Sin ser muy creyente que digamos, el Gobierno aplica en este caso aquello de “ayúdate que te ayudaré”.
¿Cómo se puede dotar de más recursos a este programa de filantropía que hace el presidente en su nombre, como si fuera una fortuna de su familia o de sus socios cocaleros? La solución de las autoridades de Economía es muy imaginativa, aunque poco escrupulosa. Según Siglo 21, el Gobierno ha creado una maraña de vallas y obstáculos que impiden a gobernaciones y municipios tener una tasa de ejecución de sus presupuestos anuales superiores al 60%. De lo que resulta que aproximadamente el 40% de los presupuestos de las regiones retorna al Gobierno central y va a las arcas del programa del presidente-candidato.
GABRIELA CALDERÓN
En el 2010 Martin Sorell de la empresa WPP presagiaba que la década 2010-2020 sería “La década de América Latina”. Había un optimismo exagerado acerca de la región. Antes de cumplirse los primeros cuatro años de esta década, los titulares han abandonado su optimismo y en mayo vimos los siguientes: “La bonanza latinoamericana empieza a desaparecer” (Wall Street Journal),1 “Latinoamérica decepciona luego de desperdiciar bonanza de productos primarios” (Bloomberg),2 “Surgen dudas acerca de ‘La década de América Latina’” (Financial Times),3 entre otros. No sería la primera vez que los países latinoamericanos parecen estar listos para despegar hacia el desarrollo y colapsan junto con los precios de los productos primarios.
La baja productividad es una de las principales trabas que la región tiene que superar para lograr el desarrollo. Un reporte del Banco Interamericano de Desarrollo de 2010 indicaba que si la productividad en Latinoamérica hubiese aumentado como lo hizo en el resto del mundo entre 1960 y principios de los 2000, la misma acumulación de recursos hubiese generado en la región un PIB per cápita promedio un 47% mayor.4 Lamentablemente, a pesar de recibir importantes recursos durante los últimos años, la región experimentó una caída de 0,3% en su productividad total de los factores (PTF) entre 2006 y 2010.5
Durante la última década mucho se ha dicho acerca de cómo modelos con una amplia intervención del Estado en la economía podían generar un crecimiento alto y el ejemplo favorito para ilustrar esto era Brasil. A principios de este año empezaron a surgir noticias de decepción respecto de Brasil. El Financial Times explicaba en abril que “la bonanza ha llegado a su pico, perjudicando a empresas que gozaban del respaldo del Estado”.6 Durante el primer trimestre de 2013 creció al 1,9%, muy por debajo de lo que se esperaba (2,4%).
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