¿Qué es justicia social?
JOSÉ AZEL
La justicia social examina cómo una sociedad escoge distribuir las cosas que valora, entre ellas ingresos, riqueza, poder, y más. La justicia social pregunta: ¿Qué es lo correcto a hacer? Hace casi 2,500 años Platón discutió filosóficamente sobre justicia, y todavía no logramos un entendimiento.
El filósofo contemporáneo Michael J Sandel identifica tres objetivos que una sociedad puede utilizar para regular la distribución de bienes -maximizar el bienestar social, promover virtudes en la ciudadanía, o respetar las libertades individuales. Cada una de esas ideas rivales requiere un diferente concepto de justicia, y cada una encuentra su camino en nuestras leyes.
La idea de que el bienestar social se determina como consecuencia de una política está enraizada en la filosofía del utilitarismo, que sostiene que lo correcto a hacer es lo que maximice el bienestar social. Para los utilitaristas una política justa es la que incremente la felicidad colectiva de la sociedad. Creen que el supremo principio de moralidad es maximizar la felicidad evaluando costos y beneficios.
3 razones por las que los millennials deberían cambiar a Karl Marx por Ayn Rand
LEISA MILLER
Queridos hermanos come tostadas de aguacate,
Necesitamos abandonar a Karl Marx como lo hicimos con la televisión por cable.
Somos una generación harta de guerras (y amenazas de guerras), tiroteos masivos y sensacionalismo mediático. Como embajadores de la economía cooperativa e inversionista de criptomonedas, estimamos mucho la innovación y el emprendimiento.
Karl Marx no es quien creemos que es. Su filosofía no se ajusta a nuestros valores en lo absoluto. Necesitamos mirar a alguien más conectado con lo que es importante para nosotros, alguien como Ayn Rand.
Aquí hay 3 razones por las que deberíamos echar al viejo Karl a la acera y recoger a Ayn Rand en su lugar.
Un alarmismo que sirve el poder, por Ian Vásquez
IAN VÁSQUEZ
Recientemente el columnista del “Washington Post” George Will escribió: “La escasez sirve de excusa reciclable para agrandar el Estado”. Declaraciones de que hay demasiadas personas en el planeta y se nos están acabando los recursos naturales, la comida, la tierra fértil, etc. sirven para otorgar cada vez más poder a quienes nos gobiernan.
En la medida en que se polariza la sociedad y empieza el ciclo político, podemos esperar con más frecuencia que se cuestione la moralidad del uso y consumo de un sinnúmero de bienes y, llevándolo a un extremo, hasta la misma existencia de las personas. Es así como hace poco el “New York Times” publicó un artículo de opinión que preguntaba: “¿Sería la extinción humana una tragedia?”. “Bien podría ser”, respondió el autor, “que la extinción de la humanidad mejoraría el mundo”. La congresista estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez representa a un creciente movimiento antinatalista cuando pregunta: “¿Todavía está bien tener hijos?”.
Por qué nadie le informa que el capitalismo salvó a las abejas
GUILLERMO RODRÍGUEZ GONZÁLEZ
Hace poco que los ecologistas, y tras ellos los grandes medios –y por supuesto Hollywood– hacían un enorme escándalo con un supuesto extermino de las abejas por el malvado capitalismo. Ya no lo mencionan. Y hay más abejas que antes. El capitalismo no exterminó a las abejas. Las salvó.
Hace poco más de una década se detectó el colapso de colmenas a una escala preocupante. Que tantos ecologistas –y tras ellos la gran prensa y el mundo del espectáculo– anunciaran un apocalipsis ecológico con la desaparición inminente de las abejas y el «fin de la polinización» –incluso en una exitosa película infantil de dibujos animados– en una Norteamérica de la que las abejas no son naturales (ahí son una especie invasora introducida artificialmente por los criadores y a la que no le faltan sus propias especies polinizadoras nativas) muestra lo «conocedores» que realmente son.
El asunto fue que en 2006 los apicultores –principal pero no exclusivamente en Estados Unidos y Canadá– comenzaron a ver pérdidas invernales excesivas y misteriosas de abejas. De ahí en adelante, se reportaron más muertes invernales de las consideradas normales. Activistas ecologistas –profesionales, pero no de la ecología sino del socialismo revolucionario– vieron la oportunidad de un nuevo escándalo mediático para transmitir su mensaje filototalitario. Y la aprovecharon.
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