El enorme peligro del gasto social de Christine Lagarde
MARÍA BLANCO
El pasado 13 de junio, con ocasión de la celebración del centenario de la creación de la Organización del Trabajo (OIT), la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, pronunció un breve pero potente discurso, en el que exhibía gran parte de la retórica y el contenido ideológico perverso que nos rodea. Y es perverso porque suena tan razonable que a nadie que no fuera una persona desalmada se le pasaría por la cabeza cuestionar las palabras de Lagarde. El título lo dice todo: “Forjar un contrato social más fuerte: El enfoque del FMI respecto al gasto social”.
En primer lugar, está el complicado tema de llamar “contrato” a algo que no ha sido jamás firmado, sino que, en realidad, no es más que un acuerdo ficticio e implícito, en el que se supone que usted está de acuerdo, como yo, como todos los ciudadanos presentes y futuros, pero cuyo contenido es reversible, modificable, al antojo de los gobernantes de las naciones, que son por definición, perecederos y cuya fecha de caducidad suele ser menos a una generación. La diferencia temporal entre un “contrato”, el social, que tiene una vida de siglos, y los responsables de sus diferentes interpretaciones y mutaciones, que no llegan a tener una vigencia de 20 años, en el mejor de los casos, es muy relevante. Pero no es el aspecto en el que me quiero centrar.
El feminismo corre el riesgo de pervertirse si elige una vía fanática
MARIO VARGAS LLOSA
MADRID.- Sincronizado con la inauguración de la Tercera Bienal y el Premio de Novela que lleva mi nombre en Guadalajara (México), el 27 de mayo de 2019 circuló por España y América Latina un manifiesto firmado por más de un centenar de escritores acusándonos de "machistas" por el escaso número de escritoras invitadas a participar en el certamen.
El texto falseaba algunos números. Decía que en los "paneles" participarían trece hombres y solo tres mujeres. En realidad, fueron siete las participantes y su desempeño, excelente, a juzgar por los aplausos que merecieron de los novecientos estudiantes de casi todo México invitados a asistir a la Bienal por la Feria del Libro de Guadalajara (a la que aprovecho para agradecer lo bien que organizó el evento). El manifiesto, por otra parte, silenciaba el hecho de que ocho escritoras, que habían sido invitadas, se excusaron por diversas razones; su presencia hubiera contribuido sin duda a hacer más proporcionada la presencia femenina en la Bienal. Y es más bien extraordinario que tres de las invitadas que no pudieron asistir aparecieran firmando el manifiesto que nos acusaba de "discriminar" e "invisibilizar" (sic) a las mujeres.
Por qué el Estado es el origen de la inflación
NATALIA MOTYL
Bob Marley decía que era mejor morir luchando por la libertad que ser un prisionero todos los días de tu vida. Es por ello que es esencial hacerle frente diariamente y en todos los espacios posibles a cualquier idea o herramienta socialista que emerja en la sociedad.
Los socialistas tienen un instrumento de goce evidente que arrastra con todo lo que se cruce por su camino: la inflación. La inflación, entendida como emisión monetaria, atenta contra el sistema capitalista e intenta derrocarlo cada vez que la masa socialista desea imponerse. Sin embargo, ¿puede lograrlo? Definitivamente no, aunque es cierto que genera ciertos disturbios de evidente relevancia en materia económica.
¿Desea más inversión y espíritu empresarial? Hay que proteger la propiedad privada
KAYCEE IKEONU
Los principios del pensamiento económico nos dicen que las inversiones fluirían a lugares con menor acumulación de capital, la razón es que habría menos competencia y, por lo tanto, una mayor tasa de rendimiento de las inversiones. De hecho, como señaló Adam Smith en la Riqueza de las Naciones, la acumulación de capital sería el obstáculo inevitable para el crecimiento económico.
Sin embargo, esto no es como lo tenemos en el mundo real. Muchos países, especialmente los del Sur Global, tienen muy poco capital, pero aún así no están inundados de inversiones. La razón es simple: no hay seguridad de que sus propiedades e inversiones estén protegidas por la ley.
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