CARLOS ALBERTO MONTANER
Los estudiantes universitarios chilenos suelen protestar contra el gobierno de su país. Lo hicieron contra la señora Bachelet, que es de izquierda, y lo hacen contra el señor Piñera, que es de derecha.
IVÁN ARIAS
Primero dejemos bien claro: soy un convencido de la profundización de las autonomías, ya sean municipales o departamentales, sin que me salgan ronchas de miedo ante la perspectiva de la federalización.
A pesar de todo y sobre todo, defenderé los avances por construir un país con más y mejores autonomías. Sin embargo, esta apuesta de vida no me vuelve obtuso y ciego de un proceso que si no es autorreflexivo corre el riesgo de corroerse y quedar sólo en costras.
CARLOS HERRERA
(XXII Fragmento del libro inédito "Apuntes sobre la Sociedad Abierta")
Con frecuencia se afirma, no sin cierta exageración, que la Universidad es el templo del conocimiento por antonomasia. Según esta opinión ella cobija en su seno el summun del saber de un país. Se dice también que en sus aulas se forma al ciudadano del futuro y de ello se deduce su importancia como institución social. Vamos por partes. Lo primero es que la Universidad sí juega un importantísimo rol en el desarrollo del país, porque allí se forman los que asumen luego el mando de la nave del Estado nacional, como la dirección de los emprendimientos privados más importantes en la sociedad abierta. En segundo lugar, la Universidad es importante también porque en sus aulas se difunden las nociones básicas del conocimiento científico y social que un país posee; es decir, que todo el saber que un país genera en las ciencias exactas y sociales, generalmente es consecuencia de una buena siembra en los años universitarios.
Pero su aporte no debiera restringirse exclusivamente –como pasa entre nosotros- a transmitir un puro conocimiento técnico, sino en promover más bien y de forma adicional al conocimiento teórico, una sólida capacidad de análisis y de reflexión científica o humanística.
¿Qué quiere decir esto? Que la adquisición pura y simple del conocimiento teórico no reporta a los países ningún beneficio si la persona no desarrolla junto a ello las habilidades del análisis y de la investigación. Una buena enseñanza -si de verdad lo es- deviene siempre en un destilado de buen criterio y buen discernimiento intelectual. En otras palabras, es aportadora de desarrollo sólo si forma una persona que además de tener buenas nociones académicas, sabe discernir cuáles son las soluciones adecuadas para los problemas de su ciencia. Es decir, posee el don de la reflexión y el entendimiento lógico de las cosas, además de la imaginación, por supuesto. Esto es precisamente lo que hace posible el desarrollo de la investigación científica en el mundo y es, por eso mismo, la razón primera del desarrollo de los países.
George Chaya
Al enfrentar la realidad del Oriente Medio, la dirigencia Occidental debería tener presente que la historia siempre ha defendido el lugar de sus héroes, de los justos, de los hombres y mujeres de bien. Cualquier hecho o circunstancia que se pretenda distorsionar o falsear con respecto a la verdad histórica, ha tenido (y seguirá teniendo) sus responsables, y ellos habrán de ser quienes ocupen el lugar del olvido histórico y la degradación.
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