MARY ANASTASIA O'GRADY
Después de que el martes los votantes en los estados de Colorado y Washington aprobaran la legalización de la marihuana, nace la esperanza de que el gobierno de EE.UU. esté al principio del fin de su larga, tortuosa e inútil guerra federal contra las drogas.
MARIO VARGAS LLOSA
Poco a poco, la batalla por la legalización de las drogas va abriéndose camino y haciendo retroceder a quienes, contra la evidencia misma de los hechos, creen que la represión de la producción y el consumo es la mejor manera de combatir el uso de estupefacientes y las cataclísmicas consecuencias que tiene el narcotráfico en la vida de las naciones.
CRISTINA LÓPEZ
La generación del milenio, la más educada de la historia, se ha ganado la tapa de los diarios por llenar la Puerta del Sol, ocupar Wall Street y diferentes ciudades del mundo, exigiendo cambios y respuestas, protestando temas como el desempleo, la corrupción en los gobiernos y corporaciones, entre otras cosas. Protestando síntomas pero en algunos casos pidiendo como remedio más de aquello que causó la enfermedad: más gobierno y más Estado de Bienestar.
Es un hecho que el Estado de Bienestar está en crisis: los déficits han arrinconado a muchos gobiernos al borde del colapso fiscal, dejando al paso muchas promesas rotas basadas en populismo electorero y no en verdadera sostenibilidad. La tentación perversa de los políticos, es continuar haciendo estas promesas a sus votantes hoy y postergar la responsabilidad de cargar con el peso de los déficits que siguen creando a su paso a nosotros, la generación del milenio.
Es precisamente lo anterior lo que le da a esta generación toda la legitimidad de protestar: el tener que cargar con la deuda de un sistema insostenible, cuyos beneficios no llegaremos a disfrutar porque habrá colapsado mucho antes y cuya única posibilidad de supervivencia implica sacrificar crecimiento económico a cambio de gasto estatal, generando peores males: desempleo, inflación, y pobreza, o en otras palabras, abonando a la relación negativa entre el crecimiento estatal y el crecimiento económico que tan bien ha demostrado el economista de la Universidad de Harvard Robert Barro.
HÉCTOR ÑÁUPARI
Si la pobreza es el estado natural del ser humano, nuestra historia puede resumirse como la de su permanente y siempre incompleta superación. En esa batalla sin término es importante contar con todas las propuestas que nos permitan retirar el infamante epíteto de “pobre” o “pobre extremo” a un latinoamericano más, al dotarlo de las herramientas para alcanzar el bienestar para sí y los suyos, echando mano a sus talentos, ideas, trabajo y denodado esfuerzo.
La última contribución para responder al perenne desafío de la escasez en nuestra región, es el libro Políticas liberales exitosas II: soluciones para superar la pobreza, que el prestigioso director de ATLAS 1853 de Argentina, Gustavo Lazzari, y este escriba, compilamos en los últimos dos años, y que ve la luz gracias al apoyo de la Red Liberal de América Latina—que está dedicando al tema de la pobreza sus principales actividades— y la siempre diligente Fundación Friedrich Naumann para la Libertad.
Los once brillantes ensayos publicados constituyen una respuesta actual, viva y moderna, a un tema que apareció únicamente cuando el mercado adquirió carta de ciudadanía, extendiendo su manto de prosperidad sobre centenares de miles de personas en el mundo, a quienes les permitió superar enfermedades, alimentarse debidamente, encontrar casa, trabajo, educación y ascender socialmente.
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