Iván Benavidez Cabezas
Es curioso como en las últimas décadas se repite y repite la idea de que el ejemplo a seguir es el estilo de vida de los países nórdicos, dejando siempre de lado naciones mucho más prósperas económicamente hablando como Singapur, Nueva Zelanda, Chile o Hong Kong.
El caso de esta última región es especialmente significativo, a mediados del siglo XIX apenas vivían en Hong Kong unas 2.500 personas, en su mayoría, pescadores. Las deficientes comunicaciones que existían en aquella época entre la Gran Bretaña europea y Asia hacia que existiese un gobierno prácticamente autónomo en la región.
En la segunda mitad del siglo XX Hong Kong abrazo fuertemente el capitalismo y pasó de poco más de un millón de habitantes en 1950 a 7,5 millones en 2010. ¿Cómo es posible que un territorio rodeado del comunismo de la República Popular de China haya experimentado este crecimiento tan espectacular? La respuesta es sencilla: Apostando por los impuestos bajos y por la libertad económica.
Juan Ramon Rallo
¿Los robots nos están quitando los empleos? La pregunta no está adecuadamente formulada, dado que cabe interpretarla de dos modos. Por un lado, ¿la incorporación de robots en la economía destruye empleos en términos brutos? Sin duda: los robots automatizan tareas que antes desempeñaban trabajadores y, en consecuencia, llevan a que esas tareas dejen de ser desempeñadas por personas. Por ejemplo, el famoso estudio de Osborne y Frey estima que el 47% de los puestos de trabajo actualmente existentes en países de la OCDE corren el riesgo de ser automatizados; asimismo, y replicando parcialmente ese análisis, el BBVA Research ha calculado que el 36% de los empleos de España corren el riesgo de desaparecer reemplazados por robots. Desde esta perspectiva, es incuestionable que los robots destruyen empleo: al igual que el telar mecánico destruyó el empleo de millones de sastres o el tractor el de millones de agricultores.
C. Jay Engel
Lo más emocionante de la metodología austriaca de investigación económica es que, para citar al propio Mises, no relega la economía a las aulas, a las «oficinas de estadística» ni a los «círculos esotéricos». En cambio, ofrece a todos los que buscan tales conocimiento, un conjunto de ideas sobre cómo los hombres se relacionan con otros hombres y cómo la propia sociedad se desarrolló desde condiciones de desesperación empobrecida hasta un mundo de abundancia y comodidad.
Uno de los aspectos más devastadores del auge de las matemáticas y el modelado como método de economía es que este cambio empujó a la economía como una ciencia fuera del interés y la comprensión del laico. Se convirtió en un campo de «experiencia» para profesionales que estaban bien entrenados en fórmulas complejas, análisis estadístico y actividades aritméticas. Pero los fenómenos económicos no pueden entenderse de manera adecuada o precisa minimizando el papel de la acción humana en la sociedad. Después de todo, ¿qué es una economía, excepto una metáfora de las miles de actividades, juicios, decisiones de asignación, escalas de preferencias y relaciones interpersonales entre seres humanos reales, vivos y razonados?

Hugo Marcelo Balderrama
Por naturaleza, la humanidad busca elevar su nivel de vida. El objetivo de la acción del hombre en el mercado es incrementar la cantidad de bienes disponibles.
Las necesidades humanas son ilimitadas, por ende, nunca estarán satisfechas. En cambio, los recursos disponibles son escasos, de ahí la importancia de economizarlos. Con recursos naturales limitados y con trabajo también escaso frente a las aludidas necesidades ilimitadas, los bienes de capital son la única forma de incrementar rápidamente los bienes de consumo.
Se tiene que mezclar inteligentemente trabajo con recursos naturales para obtener bienes de capital. Estos bienes de capital no sirven “per se” para satisfacer inmediatamente al consumidor, pero añadiendo más trabajo se pueden convertir en bienes de capital de orden más bajo y así, sucesivamente, hasta concluir en bienes de primer orden o de consumo.
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