Economía

indicadorrentabilidadIVÁN C. CARRINO 

Imaginémonos una madre que, al despedir a su hijo cuando sale para ir al colegio le dice: "hasta luego, que te vaya más o menos". No sucede a menudo, ¿verdad?

ROBERTO CACHANOSKY

En una de sus matinales conferencias de prensa, el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, afirmó que "desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores".

Vaya uno a saber qué significa neoliberalismo, lo que siempre estudié es la corriente liberal que, por cierto, no se concentra en la economía sino en una serie de principios en el que el monopolio de la fuerza que se le delega al Estado es para defender el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. El liberalismo se opone, justamente, a que los gobiernos utilicen ese monopolio de la fuerza contra los habitantes del país.

En todo caso, Capitanich, que pasó por ESEADE, debería saber que el primer libro de Adam Smith se titula Teoría de los Sentimientos Morales, que el tratado de economía de Ludwig von Mises tiene como título La Acción Humana, porque la economía es la ciencia de la acción humana o que una monumental obra del Hayek se titula Derecho, Legislación y Libertad y otra anterior Constitution of Liberty, por no citar el famoso Camino de Servidumbre.

Cito estos tres autores porque todo parece indicar que Capitanich se limita a identificar el liberalismo con la curva de oferta y demanda, cuando, justamente, los autores liberales concentraron su análisis en el marco institucional que debe imperar para que la economía pueda crecer y mejorar la calidad de vida de los habitantes en forma sustentable.

Formulada la aclaración sobre el fantasma del liberalismo que parece ver el gobierno, según las palabras de Capitanich, la realidad es que es el propio gobierno el que quiere limitar los aumentos salariales marcando máximos de un 18 o 20 por ciento anual.

argentina-1MARY ANASTASIA O'GRADY

Durante una visita a Buenos Aires que hice en noviembre, noté que una sensación de premonición se cernía sobre la ciudad. La economía estancada, la inflación en alza, el capital saliendo del país y los porteños de todos los ámbitos preparados para una tormenta y resignarse a las penurias que llegarían a esta ciudad portuaria.

HERNÁN BONILLA 

Es frecuente que ideas equivocadas sobre la historia o sobre el funcionamiento de la sociedad o la economía pasen a formar parte de la cultura, en tanto saberes comunes compartidos, a pesar de ser refutadas mil veces. Verbigracia, que la revolución industrial empeoró el nivel de vida de la gente común cuando en realidad fue el mayor salto hacia adelante en la historia universal, o que el capitalismo es intrínsecamente perverso cuando es el único sistema económico compatible con la dignidad del ser humano.

Vamos a concentrarnos en esta segunda idea, que es uno de los clichés favoritos de los anticapitalistas de izquierda y de derecha. Insulsos intelectuales criollos, autoridades religiosas, jefes de estado, escritores, opinólogos profesionales, entre muchos otros, suelen repetir en cansino sonsonete que el capitalismo y la globalización son los responsables de haber abierto la caja de Pandora y liberado todos los males del mundo.

En primer lugar esta falacia ignora que gracias al libre mercado la humanidad salió de su primitivo estado de pobreza generalizada y ha logrado ir reduciéndola a lo largo del tiempo. Lo excepcional en la historia humana mirada en el largo plazo son los últimos dos siglos largos de crecimiento de la riqueza. El “estado natural” del “buen salvaje”, tantas veces ensalzado, era la miseria, la violencia y el sálvese quien pueda, mientras que la cooperación libre y voluntaria (en breve, el mercado) es lo que ha permitido el desarrollo económico y social.

En segundo lugar, son los países con mayor libertad económica los que tienen los mejores indicadores sociales, menores niveles de pobreza, etc., como lo demuestran año a año los informes que elaboran institutos como la Heritage Foundation o el Fraser Institute.