Economía

catedralmexicoMARY ANASTASIA O'GRADY 

Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), lleva apenas 16 meses en la presidencia de México, pero su liderazgo ya ha cambiado la imagen internacional del país.

ROBERTO CACHANOSKY 

Luego del fenomenal despilfarro de recursos de estos 10 años, que quedará en la historia como los la década desperdiciada, el gobierno está atrapado y sin salida en lo económico. Haga lo que haga, se mete en un problema. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el pánico que deben sentir en el gobierno es decirle a la gente la verdad: los engañamos durante 10 años haciéndoles creer que habíamos encontrado la fórmula mágica para que Uds. pudieran entrar en una orgía de consumo sin trabajar, y ahora les tenemos que decir que era una joda para Tinelli. En rigor, el mayor pánico no debe venir tanto de los cacerolazos de la clase media, que siempre ignoraron a pesar de ser multitudinarios.

El verdadero pánico lo tienen en el impacto que van a sentir en el bolsillo el obrero de la construcción, el metalúrgico y los que viven el Gran Buenos Aires. ¿O alguien piensa en serio que CFK está preocupada por las molestias que tienen los automovilistas con los piquetes como para proponer una ley que los regule? A lo que le tienen miedo es que no sea solamente la clase media que salga con sus cacerolas a la calle. Le tienen pánico a que las barriadas salgan a la calle a protestar cuando le pasen la cuenta de la fiesta de consumo. Esos sí que, como diría Abal Medina, van a pisar el pasto. Si hoy la gente está molesta con la situación económica, ¡cómo va a estar en un tiempo más!

¿Cuál es el problema económico? El gobierno, ya sin recursos para financiar el consumo artificial, tuvo que recurrir a la emisión monetaria como mecanismo de financiamiento. Esa emisión acelera la inflación y hace caer el tipo de cambio real, por lo tanto, por un lado, baja el salario real y se contrae el consumo y, por otro lado, el tipo de cambio real artificialmente bajo destroza las exportaciones, con lo cual le faltan dólares. No entran suficientes dólares para enfrentar los pagos en esa divisa y tiene mínimo margen para usar parte de las reservas del Central para financiar el gasto público.

DALIBOR ROHAC 

Hace más de una década, el libro de William Easterly The Elusive Quest for Growth (La escurridiza búsqueda del crecimiento), creó gran revuelo en el mundo económico. Easterly, otrora economista del Banco Mundial, argumentó que prácticamente ninguna de las soluciones en boga y tradicionalmente financiadas con ayuda externa oficial para resolver el problema del subdesarrollo –inversión en infraestructura, educación, políticas industriales–, ha producido los resultados esperados, pues el desarrollo es el resultado de las instituciones que condicionan los mercados y los procesos políticos.

La mayoría de los economistas coinciden en que los resultados a largo plazo en desarrollo son determinados en mayor medida por las instituciones, el respeto al Estado de Derecho y de los derechos individuales. Mientras algunas publicaciones recientes, como Why Nations Fail? (¿Por qué las naciones fracasan?) de Daron Acemoglu y James Robinson, defienden un desarrollo basado en la visión institucional, muy pocos autores están dispuestos a aceptar sus implicaciones prácticas. El último libro de Easterly The Tyranny of Experts (La tiranía de los expertos) hace precisamente esto. No hay fórmulas mágicas para solucionar la pobreza y el subdesarrollo. En vez de tratar de encontrarlas, las autoridades políticas deben simplemente respetar los derechos individuales, incluyendo los derechos de los pobres.

La primera parte del libro nos presenta una historia intelectual del desarrollo económico a través de la óptica de dos enfoques contrapuestos, personificados por dos economistas que fueron conjuntamente galardonados con el Premio Nobel en 1974: Gunnar Myrdal y Friedrich von Hayek.

ARMANDO MÉNDEZ 

Un análisis efectuado por The Economist, sobre la situación económica de Venezuela y Argentina (enero 2014) concluye que se “acabó la fiesta” en ambos países. Esta es su conclusión, luego de sostener que: “ambos han estado viviendo a lo grande durante años, repartiendo alegremente el auge de los ingresos por los buenos precios de los commodities; petróleo en Venezuela y soya en Argentina. Ambos han intervenido y regulado el mercado de divisas, con lo que han provocado una mayor inflación”. Las reservas internacionales en Venezuela estarían en el orden de los 21 mil millones de dólares (oro y divisas), de los cuales sólo dos mil millones serían activos líquidos. Está con un tipo de cambio regulado de 11,36 bolívares por dólar para transacciones no esenciales frente al que regía anteriormente, 6,3, que se mantiene para las transacciones externas que realiza el gobierno, y para las importaciones consideradas de primera necesidad, como alimentos y medicinas.