AXEL KAISER Sin lugar a dudas uno de los fracasos más evidentes del mundo liberal ha sido la incapacidad de explicar de manera persuasiva la profunda moralidad que subyace al capitalismo
GABRIELA CALDERÓN
Las principales economías del mundo desarrollado se esmeran en ilustrar el fracaso de los sistemas previsionales de reparto, aproximándose a su bancarrota. Un estudio publicado en 2009 estimaba que la deuda pública implícita promedio —esto es, la deuda pública más las obligaciones no financiadas de los sistemas de seguridad social— para 25 países de la Unión Europea era de 434% de su PIB1 y según un estudio de 2011 la deuda implícita de EE.UU. era de 412% del PIB (esta última cifra incluye también obligaciones no financiadas de programas como Medicare y Medicaid). De no realizarse una reforma integral de los sistemas de seguridad social, sus gobiernos tendrán que incumplir las promesas, ya sea recortando beneficios, prolongando forzosamente la vida laboral de sus trabajadores, o una combinación de estas y otras medidas.
Mientras tanto, durante las últimas tres décadas cuatro países latinoamericanos —Chile, Colombia, México y Perú— han realizado profundas reformas a sus sistemas, transitando desde un sistema de reparto hacia uno de capitalización individual. Un estudio reciente2 analiza el impacto estas reformas sobre el desarrollo económico de estos países.
Respecto al mercado laboral, el estudio muestra que los derechos de propiedad de los trabajadores sobre sus cuentas individuales para su jubilación y la directa relación entre sus aportes y beneficios resultó en que los trabajadores dejen de percibir al ahorro para su jubilación como un impuesto, estimulándolos a ahorrar. El mayor ahorro permitió que se incrementen las inversiones en hipotecas y proyectos de infraestructura.
ALFREDO BULLARD
Cuando un rey en la India, maravillado por el ajedrez, descubrió que había sido inventado por Seta, uno de sus súbditos, este quiso recompensarlo. Seta le contestó que se conformaría con que colocara un grano de trigo en el primer casillero del tablero de ajedrez y que duplicara en cada casillero la cantidad del anterior. De tal forma que en el segundo colocaría 2, en el tercero 4, en el cuarto 8 y así hasta completar los 64 casilleros del tablero.
El rey se sorprendió de un pedido tan modesto. Sin embargo, luego descubrió que el pedido significaba más de 18 trillones de granos y que para almacenar esa cantidad se requerían 12.000 km3. Por otro lado, si se usara un granero de 4 metros de alto y 10 metros de ancho, su longitud habría tenido que ser de 300’000.000 km, o sea, el doble de la distancia que separa la Tierra del Sol. Como es natural, el rey nunca pudo cumplir su promesa.
Una vez le preguntaron a Albert Einstein cuál era la fuerza más poderosa del universo. Este contestó, pues, que era el interés compuesto. Cuando debes dinero el interés compuesto se aplica como el pedido de Seta, no solo al casillero inicial, sino a la cantidad incrementada. El carácter compuesto del cálculo convierte el efecto bola de nieve en un huaico avasallador.
Hace unos días el profesor Robert Cooter de la Universidad de Berkeley y, además, uno de los representantes más importantes en el mundo del análisis económico del Derecho inició la conferencia de incorporación como profesor honorario de la Universidad del Pacífico citando a Einstein, pero para referirse a una fuerza más poderosa aún: el crecimiento compuesto de los países.
MANUEL HINDS
El martes pasado el Congreso venezolano aprobó "superpoderes" para que el presidente Maduro los use durante todo un año para lograr lo que casi todos los gobiernos del mundo logran sin mayor esfuerzo, evitar que la economía se hunda en un caos de hiperinflación, graves escaseces y colapso de la producción. Estos poderes se los han dado mientras el país está gozando de un largo boom en los precios del petróleo. Maduro anunció que fijará márgenes máximos de ganancias en las cadenas productivas y pondrá controles más estrictos en la venta de dólares, que se han vuelto terriblemente escasos.
Al darle estos poderes a Maduro, Venezuela parece estar dispuesta a beber de su amargo cáliz hasta la última gota. Maduro y el gobierno se resisten a entender que las acciones que pretenden llevar adelante son precisamente las causas de los problemas que tienen. Trágicamente, van en camino a reproducir en Venezuela uno de los fenómenos más espectacularmente dañinos que puede sufrir una economía moderna, un episodio de hiperinflación. Ha habido dos antes en América Latina: uno en Bolivia a principios de los ochenta y otro en Nicaragua a finales de la misma década. En otras latitudes, el episodio más famosos fue el que aquejó a Alemania en los años que siguieron al final de la Primera Guerra Mundial.
Estas hiperinflaciones se diferencian de las inflaciones comunes sólo en dos características: en su magnitud y en el hecho que las autoridades monetarias pierden todo control de los cambios de precios. Algunas cifras darán una idea de lo que estamos hablando. A mediados de 1922, poco antes de comenzar la hiperinflación, el marco alemán se cotizaba a 320 por dólar. En noviembre de 1923, un año después, el dólar era igual a 4.210.500.000.000 marcos. En Nicaragua, el córdoba de 1991 llegó a ser 1 / 50.000.000.000 córdobas de 1988. En Bolivia, el peso boliviano fue reemplazado por el boliviano, cambiándose a una tasa de un millón de pesos bolivianos por cada nuevo boliviano. Todos pierden en un caos como este, pero principalmente los pobres, que no tienen activos reales (casa, carro, muebles, etc.) que no son afectados por la hiperinflación. Todo lo tienen en el poco dinero que ganan, y ese dinero se devalúa rápido y profundamente con la hiperinflación. Los pobres se hacen más pobres
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