Economía

GABRIELA CALDERÓN 

La inflación anual oficial en Argentina es de 10,6% y la de Venezuela es de 42,6%,1 mientras que la inflación anual oficial en Ecuador es de 2%.2 En los dos primeros países las cifras oficiales de inflación son sumamente desconfiables. Por ejemplo, la prestigiosa revista The Economist3 y el Fondo Monetario Internacional4 han protestado ante la aparente manipulación de las cifras por parte del gobierno argentino. De manera que en Argentina y Venezuela abundan los cálculos independientes de esta cifra, aún cuando en Argentina es un delito publicarlos. Más recientemente, el economista Steve Hanke de Johns Hopkins University ha emprendido el Proyecto de las Monedas en Problemas para calcular la inflación implícita en países cuyos gobiernos publican cifras de dudosa precisión y ha estimado que la inflación anual implícita en Argentina es de 59% y la de Venezuela de 320% —casi 6 veces y más de 7 veces la cifra oficial.5

En el extraño mundo en que habita la mente de Nicolás Maduro y sus colegas en el gobierno, ni la inflación, ni la escasez de todo tipo de productos se debe a la muy soberana política monetaria que ellos conducen y otras de sus descabelladas políticas, sino más bien a la “guerra económica” iniciada por “la derecha” que “Está creando situaciones difíciles” con “el objetivo de presentar al gobierno como ineficiente”.6 Esta semana anunció que iba a reforzar los controles sobre el dólar con un operativo militar.7

Mientras tanto, reportó El Comercio esta semana, que un gran promotor del turismo en nuestro país ha sido nadie más y nada menos que el dólar, sumado a la “política monetaria soberana” del gobierno venezolano: “Mientras que el año pasado llegaron 24.357 venezolanos, solo entre enero y agosto de este año arribaron 55.757, según el Ministerio de Turismo”. Según cálculos de El Comercio, estos “turistas” obtienen en Ecuador más de $2.000 al cambio oficial de 6,3 bolívares fuertes por dólar y al retorno a su país los venden en el mercado negro por 53 bolívares fuertes —siete veces más que el cambio oficial.8

JUAN CARLOS ZULETA

El Gobierno boliviano tiene razones para preocuparse. Desde mayo de 2008, encomendó a un grupo de inexpertos el manejo de un tema de enorme importancia estratégica para el país: el litio. Como era de esperarse, estos funcionarios públicos fallaron. Después de casi cinco años y medio de experimentación frustrada y más de 100 millones de dólares mal gastados, no pudieron cumplir ni siquiera las metas de la primera fase de su estrategia programadas inicialmente para noviembre de 2009.

EMILIO J. CÁRDENAS

El primero de ellos es el que podríamos llamar el de los países del Pacífico partidarios del libre comercio. Hablamos claramente de Chile, Colombia, México y Perú. No de Ecuador. Estos son países que ya han acumulado un gran número de tratados de libre comercio con el resto del mundo. Sin aversión al riesgo y con un espíritu de apertura y emprendedor, sin complejos de ningún tipo. Esos tratados de libre comercio los vinculan entre sí y con el resto del mundo. En paralelo, sus instituciones democráticas están sanas. La división republicana de poderes funciona y la justicia es independiente. Por todo esto, en sus respectivos ámbitos se respetan adecuadamente los derechos humanos y las libertades civiles y políticas esenciales.

Hay ciertamente un segundo grupo. Es el de los países llamados “bolivarianos”, liderados por Venezuela. En América del Sur, incluye también a Bolivia y a Ecuador. Sus economías son dirigistas y proteccionistas y, en el caso particular de Venezuela, ha adquirido un sesgo típico del perimido colectivismo. Por esto el país caribeño está en estado de caos, casi sin reservas de libre disponibilidad, con una inflación galopante y la conocida escasez de alimentos y artículos de primera necesidad, como ocurre con el papel higiénico. En el plano institucional, estos tres países han deformado la democracia hasta hacerla irreconocible. Su Poder Ejecutivo ha concentrado enormemente facultades que son propias de los otros poderes.

La Justicia no es independiente. Y en el caso particular de Venezuela hasta ha denunciado el “Pacto de San José de Costa Rica”, privando así a todo su pueblo de una instancia regional independiente para la defensa de sus derechos humanos y libertades civiles. Todo esto sucedió en medio del silencio cómplice de los demás países de la región que nada dijeron durante el proceso de demolición de las respectivas democracias. En materia de política externa, los “bolivarianos” son aliados estratégicos de Irán.

MANUEL HINDS

¿Qué pensaría usted de un taller automotriz que le cobrara mil dólares por adelantado por reparar el vehículo y cuando llegara usted a traerlo el mecánico le dijera que no le repararon el carro, pero que por los mil dólares le pusieron una calcomanía, y que si lo sigue trayendo al taller (empujado por supuesto) le darán más calcomanías? ¿Y qué pensaría de un país en el que todos los talleres funcionaran así y compitieran entre sí no reparando los carros, sino ofreciendo muñequitos, espejitos, y otras chucherías por altos precios? ¿Y qué pensaría de la capacidad mental del pueblo que no sólo aceptara esto, sino que dijera que el taller tal y cual es mejor que los otros porque allí no reparan los carros, pero dan más espejitos y calcomanías?

Bueno, eso es lo que pasa en El Salvador con los servicios públicos y los partidos políticos en el gobierno. Los carros (los servicios públicos) están funcionando muy mal. El taller (el gobierno) cobra por adelantado y no los compone, de modo que los hospitales no funcionan, y la educación, la seguridad y el transporte público están cada vez peor. Pero en vez de arreglar esos servicios y proveerlos como Dios manda, el gobierno y los partidos políticos dan subsidios que son como espejitos y calcomanías, y se atropellan entre sí para decir que darán más que los demás. Y todavía quieren que les agradezcan, aunque el carro no camine y estén cobrando mil dólares por no repararlo.

La diferencia más grande entre los países desarrollados y los subdesarrollados como el nuestro es que en los primeros la gente vive de realidades y en los segundos de palabras y apariencias. Por eso es que la gente en El Salvador se siente feliz de que le den subsidios, creyendo que éstos son regalos que da el papá estado, mientras que en los países desarrollados exigen primero que los servicios públicos funcionen y luego analizan de qué tipo de subsidios les están hablando porque saben que éstos no son regalos de nadie, ya que se pagan con los mismos impuestos que ellos pagan.