Economía

Roberto Laserna

Estas son ideas fuertes y atrayentes. Bolivia sin duda vive una bonanza extraordinaria. Lo curioso es que el decreto implica que el gobierno reconoce que sus políticas no han logrado llevar esa bonanza a todos. Esto es cierto y por eso hay creciente frustración en la gente. El gas no se lo llevan las transnacionales ni sale por Chile, como dice el discurso, pero igual sale y todavía no se ve lo que nos deja. El doble aguinaldo, que resucita el Bono Patrótico del banzerismo, instituido con argumentos parecidos, muestra el deseo de enfrentar esa insatisfacción. Pero refleja un pensamiento económico elemental y una ética egoísta preocupante que, además, deja sin resolver el problema que se plantea.

HUGO SILES 

Érase una vez que un atribulado Rey de los Andes, con una mano en la sien, mandó llamar a Melquiades, economista de larga y plateada cabellera y experto en el sutil arte de calcular menjunjes y pócimas económicas.
El Rey interpeló al economista: ¿por qué suben los precios en Los Andes? A octubre, a 12 meses, la inflación acumulada alcanzaba a 7,5%. Melquiades observó en el fondo de su caldero mágico, mientras lo removía con su varita, que la preocupación del Rey tenía, al menos, tres causas: 1) estructurales, 2) coyunturales y 3) fiscales.

MANFREDO KEMPFF  

Una forma de descontrol y degeneración de un proceso de Gobierno se produce cuando aparece la figura del asalto a la propiedad privada. Si la administración gobernante dice que existe seguridad jurídica en una nación – como es el caso boliviano – y por otro lado no hace absolutamente nada efectivo para detener a los depredadores, significa dos cosas: inoperancia absoluta o complicidad con el bandidaje. En el caso de las ocupaciones de tierras en Santa Cruz da la impresión de que existe inoperancia y complicidad.

CARLOS ALBERTO MONTANER 

El gobierno de Raúl Castro ha declarado su intención de terminar gradualmente con la dualidad monetaria. Estupendo. Mientras más rápido desaparezca esa cruel anomalía, tanto mejor. La estafa, comenzada en 1994, ha durado demasiado.

En la Isla hay dos monedas. Una es el peso o CUP, carente de valor adquisitivo, con el que les pagan a los trabajadores. La otra es el CUC, o peso convertible, equivalente (más o menos) al dólar, en el que les venden a precios internacionales todo lo que es deseable comprar.

Pese a que, oficialmente, el peso regular y el convertible tienen el mismo valor, en realidad los CUC se cambian por 24 CUP. Razón por la que el salario promedio de los cubanos sea uno de los más bajos del planeta. Oscila entre 10 y 20 dólares al mes.
Sin embargo, el fin de la dualidad monetaria no acabará con los quebrantos económicos de la Isla. Todo lo que conseguirá es hacer más transparente el desastre. Mientras más se sincere la economía más obvias serán sus falencias. Entendámoslo: esa detestable trampa no es el problema. Es sólo el reflejo de un gravísimo mar de fondo: la improductividad tremenda del sistema. La moneda cubana es la expresión fiel de su economía. Es una birria, porque el colectivismo planificado por los comisarios, basado en las supersticiones del marxismo-leninismo, provoca que la producción y la productividad de los cubanos sean bajísimas (“Es el sistema, estúpido”, diría James Carville).

Mientras existió el patrón oro, cualquier moneda que tuviera el respaldo de ese metal y admitiera la libre convertibilidad, como sucedía con el peso cubano hasta el triunfo de la revolución, era respetable. Cuando se abandonó el patrón oro, las monedas sólo quedaron amparadas por la solvencia, la estabilidad y el carácter predecible de la sociedad que las imprimía.