Economía

MANUEL HINDS

Los funcionarios económicos del gobierno chavista de Venezuela deben de ser los más incompetentes del mundo. Venezuela ha gozado en la última década un enorme boom en los precios de su única exportación, petróleo. En promedio durante esa década los precios han sido el cuádruple de lo que eran antes del comienzo del boom a principios de los años 2000. El boom ha sido tal que Venezuela debería haber crecido a gran velocidad, aumentando su capital físico y humano a niveles nunca vistos. Sus carreteras, hospitales, escuelas, y otras instalaciones deberían haberse multiplicado en número y calidad. Sus niños deberían estar mejor educados, su población más sana.

Pero la realidad no ha sido así. La situación del país no sólo no mejoró sino que ha empeorado, dejando al país en situación de crisis. ¿Qué pasó con todo el dinero que entró a Venezuela como resultado de esos precios tan altos del petróleo?

La gráfica 1 da una idea de lo que pasó con todos esos ingresos. Como se ve en la gráfica, salieron así como entraron. Las reservas oficiales subieron hasta 2008 y después de esto han caído estrepitosamente, de modo que ahora están a un nivel similar al que tenían en 2002, cuando los precios estaban alrededor de 25 dólares por barril.

Estas reservas no se han gastado en inversiones que beneficiarían a los venezolanos en el largo plazo sino en dos actividades que no le dejan nada al pueblo: en aceitar con dólares las redes de clientelismo doméstico y latinoamericano, financiando los sueños de liderazgo continental de Chávez, Castro y ahora Maduro —regalando enormes cantidades de dinero a Cuba y a sus partidarios en toda América Latina.

noruega smallMAURICIO ROJAS 

Los países nórdicos están de moda. No sólo son hermosos y exóticos sino que, además, les va bien. Hace no mucho, The Economist (2/2/2013) se refirió a ellos como el “supermodelo” del futuro y los más variados indicadores —sobre felicidad, solidez económica e institucional, confianza, igualdad o movilidad social— muestran su envidiable desempeño. Por ello, tal vez no esté demás darle una mirada al secreto de las luces del norte, especialmente después de haber vivido casi cuarenta años en Escandinavia.

Si tuviese que resumir las fuentes del éxito nórdico apuntaría a lo siguiente: un capitalismo dinámico y abierto, igualdad de oportunidades, ética meritocrática, instituciones sólidas y búsqueda pragmática del consenso. A ello agregaría los aprendizajes sobre los peligros del Estado del bienestar. Vamos por partes.

El progreso de los países escandinavos (Finlandia, que es un país nórdico pero no escandinavo, fue algo diferente por ser entonces parte del Imperio Ruso) fue producto de una profunda revolución liberal y capitalista durante el siglo XIX, que los convirtió en las naciones europeas con mayor crecimiento económico entre 1870 y 1950. Su bienestar, por lo tanto, no es hijo del Estado del bienestar, que es un fenómeno muy reciente, sino de un capitalismo abierto al mundo. Sus grandes empresas no nacieron encerradas en sus pequeños mercados nacionales ni fueron protegidas por el Estado. Se ganaron su derecho a existir compitiendo en la arena internacional y así lo siguen haciendo en países que hoy son de los más globalizados del planeta.

GABRIELA CALDERÓN 

La banca pública se basa en las teorías de desarrollo de la década de 1960 que sostenían que era necesario que el Estado intervenga en países con sistemas financieros inexistentes o demasiado primitivos para acelerar de esta manera el desarrollo tanto financiero como económico. Los partidarios de la banca estatal argumentaban que la propiedad estatal de los bancos permite al Estado reunir los ahorros y canalizarlos hacia proyectos estratégicos de largo plazo que de otra manera no fueran financiados. Por supuesto que estas teorías asumían un comportamiento angelical por parte de los funcionarios públicos e ignoraban la importancia que tiene el contexto institucional en el que operan estos bancos estatales.

Según un estudio de Rafael La Porta, Florencio López-de-Silanes, y Andrei Shleifer (2000) “La propiedad estatal de los bancos es amplia y predominante alrededor del mundo. Incluso observando la data de 1995, luego de que la privatización de los bancos se había completado en muchos países, el promedio mundial de propiedad estatal de los bancos era de 41,7 por ciento, y un ligeramente más bajo 38,7 por ciento si excluimos a los países anteriormente socialistas”. Los autores agregan que la propiedad estatal de los bancos está asociada con un crecimiento posterior más lento del ingreso per cápita, y en particular, con un crecimiento más lento de la productividad.1 En otras palabras, la banca pública no cumple con su promesa de generar desarrollo económico.

La Escuela de Opción Pública, articulada por Gordon Tullock y el Premio Nobel de Economía James Buchanan, nos enseña que no hay por qué asumir que los funcionarios públicos se comportarán de manera desinteresada. Por ejemplo, un estudio de Paola Sapienza sobre los bancos estatales en Italia concluyó que “Los bancos estatales cobran tasas de interés más bajas que los bancos privados a dos empresas idénticas, incluso cuando la empresa es capaz de obtener un préstamo de bancos privados”. Sapienza agrega que los préstamos son concedidos con un marcado cálculo político y concluye que “como el clientelismo político podría ser todavía más predominante en el mundo en vías de desarrollo que en Italia, el argumento a favor de la propiedad estatal es severamente debilitado”.2

CARLOS HERRERA

Una nota de prensa afirma que la cantidad de dinero que circula en la economía boliviana aumentó once veces desde el 2005 hasta nuestros días. Veamos por qué. Es cierto que una parte del dinero proviene de los buenos precios de las materias primas en el mercado mundial. Nosotros vendemos gas a Brasil y Argentina y vendemos también productos no tradicionales a los mercados mundiales. Sin embargo de ello, un incremento del 1000% en la cantidad del dinero circulante sólo es posible explicarlo si el Banco Central aumenta la oferta de dinero sin un correlato productivo, algo no muy difícil de creer si tomamos en cuenta la subordinación del Banco Central a las políticas económicas expansivas del gobierno actual.

Ahora bien, un incremento de tal magnitud es causa directa de inflación y el daño mas grande que un gobernante le puede hacer al valor y la estabilidad de su moneda. Es sabido que si se rompe el equilibrio entre la oferta y la demanda (bienes que se producen y dinero que circula en la economía) la consecuencia inmediata es la subida de precios. Es lo que se denomina “inflación”.

Entonces ¿Por qué igual los gobiernos populistas hacen eso si aquello es contraproducente? Pues porque como buenos demagogos que son, juegan al engañoso juego de simular el crecimiento. ¿Cómo es esto? Porque enseñan el consumo devenido del dinero abundante (que ellos mismos introducen mediante una emisión sin respaldo productivo) como la prueba definitiva de que la economía crece. Lo que no le dicen a la gente es que el verdadero crecimiento deviene de un aumento real de la capacidad del país de producir bienes y servicios, no del mero aumento del consumo, pues como ya se dijo éste puede ser estimulado de manera artificial mediante la emisión inorgánica de dinero.