EDUARDO BOWLES
La historia de Bolivia es agridulce, pero el sabor que siempre termina imponiéndose es amargo, como el que ahora permanece en la garganta de los potosinos, que se quedaron con el Cerro Rico lleno de agujeros y con la cantaleta de haber sido el ombligo del mundo, allá lejos y hace tiempo.
Ya hemos hablado en este espacio de los ciclos repetitivos de la minería que nos hacen pasar de príncipes a mendigos de la noche a la mañana y viceversa, aunque en el balance general es la miseria la que permanece intacta.
JAVIER PAZ
Quienes creen que los males de la humanidad son causa de una desigual distribución de la riqueza y, por lo tanto propugnan que el Estado debe convertirse en un ente redistribuidor de la misma, no entienden dos conceptos básicos: el primero, que la riqueza no existe a priori, sino que es creada por el hombre y, el segundo, que en una economía de mercado la única forma en que alguien puede crear riqueza es siendo útil a los demás.
JUAN ANTONIO MORALES
Normalmente el nombramiento del presidente de un banco central no es sino una pequeña noticia en los medios de prensa. Pero lo que está pasando con el nombramiento del gobernador del Banco Federal de Reserva de los Estados Unidos (el presidente del Banco Central de los Estados Unidos) está acaparando la atención de las bolsas de valores y de los periódicos más influyentes de los países industrializados.
La última noticia es que el predestinado señor Larry Summers ha retirado su candidatura a esa presidencia, lo que ha sido acogido con gran júbilo por los mercados financieros. Summers tiene una distinguida carrera académica y de alto funcionario público. El regocijo de los mercados financieros ha debido ser una zurra a su ego que, sea dicho de paso, es inmenso.
ALFREDO BULLARD
Hasta hace cinco días era quizá el economista vivo más importante. Y es aún (junto con figuras como Adam Smith, Friedrich von Hayek y Milton Friedman) uno de los economistas más relevantes e influyentes de la historia. Pero Ronald Coase, Premio Nobel de Economía, falleció el lunes pasado poco antes de cumplir 103 años.
Su genialidad estuvo en ver lo que era tan evidente que nadie más vio. La economía es interacción, personas que intercambian bienes y servicios. A más intercambio mayor desarrollo. Para intercambiar la herramienta básica es el contrato. Contratamos todo el tiempo y para todo. Cada contrato aporta a nuestro bienestar y, curiosamente, al de la otra parte.
Pero Coase descubrió que contratar cuesta. Y puede costar mucho. Si ese costo es elevado, la gente contrata menos y, si contrata menos, habrá menos bienestar.
Cuando contratamos necesitamos certeza. Nadie compra una casa si no sabe si luego de pagar el precio será un verdadero propietario. Sin propiedad clara contratar es más difícil. Si prestas dinero a alguien, y no sabes si el juez le ordenará pagar la deuda cuando incumpla, entonces preferirás no prestar el dinero. Si quieres poner un negocio y las regulaciones son tan complejas que no sabes las consecuencias, entonces no pondrás el negocio.
Todas esas dificultades se llaman costos de transacción, es decir, los costos de contratar. Si estos son muy altos entonces no hay contratos. Y si no hay contratos, no hay transacciones. Si no hay transacciones el bienestar de las personas se reduce.
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