Economía

JAMES DORN 

El fallecimiento del Premio Nobel de economía James M. Buchanan, uno de los exponentes más destacados del gobierno limitado y los mercados libres en el siglo XX, deja un vacío gigantesco en momentos en que las democracias occidentales están expandiendo el tamaño y la envergadura del Estado y amenazando el futuro de la libertad.

La noticia de la muerte de Buchanan el 9 de enero, a sus 93 años, ha entristecido a todos los que lo conocimos y respetábamos. Su amplia obra, sin embargo, seguirá viva y nos recordará que la libertad bajo un Estado de Derecho justo, o lo que F.A. Hayek denominó “la constitución de la libertad”, es esencial para que surja un orden espontáneo de mercado.

Como Adam Smith, Buchanan estaba interesado en las instituciones que permitirían a los individuos perseguir su propio interés (la felicidad) mientras que beneficiaban a otros mediante un sistema que Milton Friedman ha llamado “mercados libres y privados”. Buchanan consideraba al “principio del orden espontáneo”—esto es, la creación de armonía y riqueza que se deriva de los intercambios voluntarios cuando el gobierno se limita a proteger los derechos a la vida, la libertad y la propiedad— como el “principio más importante de la economía” (ver What Should Economists Do?, pp. 81-82).

moneyYESENIA ÁLVAREZ

Siempre me ha resultado preocupante el repetido desprecio con el que algunas personas se refieren al dinero. Estas personas están por todas partes, malintencionadas y bienintencionadas, igualmente rendidas a la grandilocuencia de calificar al dinero como algo siempre negativo.

FERNANDO MOLINA 

John Maynard Keynes creía que las crisis se deben a la decisión de los inversionistas a no invertir, a su inclinación de convertir la riqueza que acaparan en ahorro, en desmedro de la inversión y el consumo. Sus seguidores moderados creen que esta tendencia debe ser combatida con inversión pública y disminución de las tasas de interés; los keynesianos radicales postulan, además, la redistribución de la riqueza, a fin de sacar de las grandes fortunas sumas que se reinyecten en la economía, lo que puede lograrse con impuestos progresivos y estímulo al consumo de los sectores más pobres.

OSCAR ORTIZ 

Autoridades del Gobierno han destacado los resultados macroeconómicos de 2012, particularmente el hecho de que las exportaciones hubieran superado los $us 10.000 millones, anunciando que Bolivia se encamina hacia una década de oro. Lamentablemente, creo que vivimos en una burbuja con mucho gasto y poco desarrollo, una triste oportunidad perdida para impulsar un crecimiento sostenible.

Es una burbuja porque está basada en el incremento de los precios internacionales. A pesar de los increíbles oportunidades que nos ofrece el mundo, la producción nacional ha crecido muy poco, debido a erróneas políticas que desincentivan la inversión privada, por la falta de seguridad jurídica y de certidumbre sobre las condiciones para producir y exportar, así como por destinar gran parte de los ingresos públicos a la creación de empresas estatales que en su mayor parte no funcionan.