JAVIER PAZ
Los resultados del índice de libertad económica elaborado por la fundación Heritage y el Wall Street Journal no son halagadores para Bolivia. El país obtiene una nota de 47.9 sobre 100, su puntuación más baja desde que se creó el índice en 1995 y pasa a ser considerado como represor de las libertades económicas. El informe acota que “el puntaje total es 2.3 puntos menor que el año pasado, reflejando una erosión significativa de la libertad de inversión, la libertad laboral y la libertad monetaria”. Bolivia tiene el puesto 156 de 177 países medidos a nivel mundial y el puesto 25 de 29 países en Sudamérica, Centroamérica y el Caribe.
WALDO TORREZ
Los méritos acumulados por la mal llamada “nacionalización” que permitió el aumento del lucro, se desvaloriza por el subsidio. El Gobierno al prohibir a YPFB aumentar el precio de los combustibles consigue evitar el aumento de la inflación y resguarda su reputación política, pero ¿es éste un manejo responsable de la gestión económica?
Continuar con la dependencia tendrá varios efectos, primero: la falta de suficiencia en la producción deja un déficit cada vez mayor en las cuentas externas de energía pues consumimos más de lo que producimos; segundo: obliga al Estado a aumentar el monto de dinero necesario para subsidiar el precio de la gasolina y el diésel; tercero: cuanto mayor sea la brecha entre el precio interno y el internacional de petróleo se incentiva más el contrabando, es decir, los bolivianos estamos subsidiando a los contrabandistas y consumidores de países vecinos; cuarto: el recurrente error del Gobierno de permitir la nacionalización de vehículos, además de resentir al comercio formal, se legaliza el delito y se termina subsidiándolo; quinto: al aumentar la flota aumenta el consumo y por supuesto la pérdida para el Estado, y sexto: las inversiones privadas en el rubro están impedidas por las propias contradicciones del régimen que por un lado llama a invertir y por otro amenaza y reestatiza la inversión privada.
CARLOS ALBERTO MONTANER
Ecuador pronto irá a elecciones presidenciales. El futuro de ese país, si la sociedad no rectifica el rumbo, es muy lamentable, aunque Rafael Correa hoy tenga un gran respaldo popular.
¿Cómo se puede hacer una predicción de esta naturaleza? Muy sencillo: en el planeta hay unas doscientas naciones, de las cuales unas treinta tienen buenos niveles de desarrollo, amplias clases medias, calidad de vida, poblaciones educadas, sosiego político, respeto por los derechos humanos, movilidad social y paz. Una lista aproximada de esas naciones aparece consignada en el Índice de Desarrollo Humano que todos los años publica la ONU.
Ecuador no sólo no comparece en esa lista, sino que su gobierno hace todo lo posible por alejar al país de ese “primer mundo”. No creo que el presidente Rafael Correa deliberadamente desee hundir a Ecuador. Sucede, simplemente, que no sabe gobernar. Es víctima de una fatal combinación entre su carácter pugnaz y arrogante y su incapacidad para entender cómo funcionan las naciones exitosas. No ha comprendido lo que hacen los buenos estadistas y se dedica a crear problemas en lugar de consagrar su tiempo a solucionarlos.
Son al menos siete los rasgos que conforman a las sociedades triunfadoras. En ellas:
• La imagen que proyecta el país es la de una nación seria en la que vale la pena invertir. No se me ocurre una escena en la que el Primer Ministro holandés se abra la camisa y le grite a unos policías insubordinados que le disparen al pecho. Ese episodio es la idea platónica del tercermundismo.
MARTÍN KRAUSE
Con la crisis financiera global del 2008 se temió un fuerte retroceso del comercio internacional y un avance de medidas proteccionistas. El peor escenario fue evitado y ahora que las economías se recuperan el impulso mercantilista podría disminuir.
No en la Argentina, país que se resiste a las buenas ideas como pocos. El impacto de la crisis en su economía fue menor que en las auto-infligidas (hiperinflación, colapso de la deuda) y volvió a un buen ritmo de crecimiento gracias al impulso del consumo asiático y brasileño que promueve sus exportaciones.
El gobierno actual, además, es uno que fomenta las políticas keynesianas tanto sea en la salud como en la adversidad y promueve el consumo a toda velocidad, la que acelera en un año de elecciones. Con una política monetaria más que laxa esto genera inflación (que busca tapar trampeando los indicadores), encarecimiento de la producción local y el aumento de las importaciones.
Como el superávit comercial se reduce y la competencia genera problemas ha comenzado a cerrar el mercado, esto es, más de lo que ya estaba. Ha introducido las que denomina “licencias no-automáticas” para importar unos 600 productos. El nombre, por sí, ya es ridículo, porque implica que antes, y aún hoy en los demás productos, se necesitan licencias “automáticas”.
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