Economía

keynesssJUAN RAMÓN RALLO

Keynes, en el capítulo final de la Teoría general, llega a la conclusión de que los dos grandes problemas que padecen las economías capitalistas modernas son, primero, su intrínseca incapacidad para alcanzar el pleno empleo de los recursos y, segundo, la "arbitraria y desigual distribución de la renta y la riqueza".

moneymoneyLUIS DEL PINO

Cuando el huracán Katrina devastó la ciudad de Nueva Orleans, se produjo una inmediata alza de precios en todas las zonas próximas a la catástrofe. Las gasolineras duplicaron el precio del combustible, los generadores eléctricos se vendían por tres veces su valor normal, las habitaciones de los moteles sextuplicaron la tarifa habitual de pernoctación...

JAVIER PAZ

Los estatistas para tratar de justificar el agrandamiento del Estado a menudo recurren al argumento de que el mercado no es perfecto, que existen externalidades, falta de información y asimetrías que justifican la intervención estatal. Este argumento no considera que también existen externalidades, asimetrías e imperfecciones inherentes a la intervención estatal. Los estatistas presumen que un burócrata o un grupo de burócrata pueden con facilidad A) encontrar las imperfecciones del mercado, B) determinar la magnitud de dichas imperfecciones y C) corregirlas de manera eficaz y eficiente. Sin embargo ni A, ni B, son fáciles de lograr pero incluso cuando se puede determinar la existencia de una imperfección y su magnitud, la intervención estatal a menudo puede ser más costosa y distorsionante que la misma distorsión del mercado que se trata de remediar.

CARLOS ALBERTO MONTANER

Los ecuatorianos muy pronto tendrán que escoger nuevamente a sus gobernantes. Deberían mirar cuidadosamente cuanto sucede en Europa y llegar a sus propias conclusiones.

Las calles de media Europa están llenas de personas encolerizadas contra los recortes en el gasto público. El gasto público los está matando, pero, como todos los adictos, no quieren, no pueden o no saben reducirlo. En España y Grecia —sobre todo en Grecia— se trata de una protesta violenta y masiva. Nadie quiere oír hablar de austeridad y mucho menos de ser despedidos y unirse a la enorme masa de desempleados. Es comprensible, pero triste.

Los sindicatos amenazan con el puño cerrado y juran que no les quitarán “las conquistas sociales” ni permitirán que se desmantele el “Estado de bienestar”. No importa que no haya dinero para costearlo. En estas situaciones se renuncia al sentido común. Es demasiado incómodo.

El espectáculo no es nuevo. Cada cierto tiempo estalla una burbuja, se destruyen millones de puestos de trabajo, la economía toca fondo, la sociedad se convulsiona, el Estado, severamente cuestionado, entra en crisis, los gobiernos ruedan uno tras otro y el conjunto de la sociedad se empobrece.