JUAN CARLOS URENDA

La lectura del libro “El apagón moral” de Sergio Sinay, que muy oportunamente trata la falta de consideración con el “otro”, me ha provocado una reflexión sobre el grado de respeto a los principios democráticos en Bolivia, especialmente por parte de los que tienen poderes de decisión sobre aspectos relacionados con la cosa pública, los que de una u otra manera representan a otros y sus decisiones afectan en mayor o menor grado, directa o indirectamente, a otros.

La democracia es, ante todo, un sistema basado en principios y valores, no en intereses personales o de grupo. Los principales principios rectores del sistema democrático liberal son el sometimiento a la ley, especialmente por parte de los gobernantes (estado de derecho), la independencia de poderes e instituciones, las libertades normadas y la igualdad de todos ante la ley. La autonomía como proceso descentralizador profundo es, ante todo, también un principio democrático en si mismo que hay que defender con principios y no con discursos.

Se sabe que mientras más se apliquen principios y valores democráticos sobre la cosa pública, mayor el desarrollo económico y social de los países. Es lo que los expertos han denominado las condiciones no económicas del desarrollo económico. Las sociedades donde prevalecen los principios democráticos con relación a la cosa pública, marcan una diferencia notable en el desarrollo económico y social de los pueblos. Cada vez que se privilegia el interés de una persona o grupo de ellas, partido político o región por encima del principio general, se daña la democracia, y si ese daño es frecuente, como ocurre en Bolivia, la democracia se va dañando seriamente hasta afectar a cada uno de los ciudadanos de manera directa, incluidos los ocasionales beneficiarios de privilegios. El caso chino es una excepción de crecimiento económico sin democracia porque hay una dictadura que aplica un capitalismo salvaje, pero la población carece de libertades y derechos fundamentales.

chavezELENA VALERO

A pesar de todos los ejemplos que en la actualidad la Historia nos ofrece para comprobar el fracaso de las ideas socialistas, en América Latina, siguen empeñados en adoptarlas. Escuchamos a Michelle Bachelet quien hizo un excelente gobierno, ofrecer, ahora, políticas con tinte, aunque desgastado, de ese tipo.

OSCAR ORTIZ 

10 de octubre de 2013, 31 años de democracia. En apariencia, Bolivia vive una democracia dinámica, incluyente y floreciente. En la realidad, de democracia nos queda muy poco: elecciones periódicas y un Gobierno que efectivamente ha ganado las elecciones; sin embargo, no gobierna democráticamente, ni respeta los fundamentos de la democracia.
La República, aunque reconocida por la Constitución vigente, es negada en sus principios esenciales. El problema no es solo de semántica ni tiene que ver con el reconocimiento de las naciones indígenas ni la vigencia de una democracia multicultural. Esto es tan solo el discurso. El fin es la pretensión de consolidar una hegemonía que concentre todos los órganos del poder nacional, eliminando la división de poderes, y, por lo tanto, el concepto de poder limitado.

cristina-y-populismokGUSTAVO LAZZARI

“Creo que estas cosas tenemos que discutirlas sin agravios y sin insultos, yo quiero discutir políticas, quiero hablar de políticas concretas, quiero que me expliquen cómo hago para sacar plata de un lado y no sacársela al otro o que la tenga que poner el otro, porque en economía cuando vos le das uno es porque le dejaste de dar a otro, no hay ninguna otra posibilidad.” (Presidente Cristina F. de Kirchner 14 de Agosto 2013, Tecnópolis)