MARY ANASTASIA O'GRADY
El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, y el presidente de Chile, Sebastián Piñera, son multimillonarios. Ambos hicieron campaña como candidatos de centro derecha y tienen fama de tener un estilo de gobierno arbitrario y caprichoso.
AXEL KAISER
El ideal del capitalismo, explicó Max Weber, es el del sujeto honrado y digno de crédito. Lamentablemente, poco o nada hay de ese tipo de reflexiones en el análisis económico actual, dominado por una visión de corte materialista y reduccionista que concibe la economía y su operación como si se encontrara absolutamente desconectada de una profunda dimensión ética. La verdad, sin embargo, es que la confianza en el otro, el cumplimiento de la palabra empeñada, el honor y la perseverancia, el amor por el trabajo bien hecho y el respeto por la propiedad del otro son valores sin los cuales el mercado no solo deja de funcionar, sino que pierde su legitimidad moral como sistema.
Por eso es tan grave lo que ha ocurrido en casos como la Polar y Cascadas. Por un par de dólares más, los pocos hombres de negocios y empresarios responsables de estos escándalos han contribuido, en el peor momento imaginable, a tender un manto de sospecha sobre todos sus colegas y de paso a nutrir el arsenal de aquellos que quieren sofocar el sistema de libre empresa en Chile. Algunos hemos estado dispuestos a defender ese sistema en un país en que hablar de libertad y lucro se ha convertido en una herejía. Y lo hemos hecho porque creemos tener una responsabilidad para con nuestros conciudadanos, especialmente con los más pobres, y porque nos asiste la convicción de que el camino de la libertad individual, de la solidaridad voluntaria, de la buena fe y del respeto por la propiedad ajena, es el único que nos permitirá salir adelante y dejar una sociedad mejor para las nuevas generaciones. Pero todo tiene un límite.
El liberalismo no es la defensa de ciertas personas, intereses o empresas, sino de valores e ideas. Los mismos valores e ideas que una minoría inescrupulosa —conocida en la Polar y aun por determinar en el caso Cascadas— ha decidido aplastar en una muestra de codicia casi patológica que por cierto nada tiene que ver con la sana ambición del empresario bien inspirado cuya riqueza deriva de la creación de valor y no del engaño o de la captura del Estado.
MAURICIO ROJAS
La elección chilena de este 17 de noviembre tiene ya un claro vencedor. No me refiero a la persona que con toda seguridad se impondrá en los comicios, Michelle Bachelet, sino al Estado, un Estado que promete hacerse cargo de nuestra seguridad, garantizarnos una amplia gama de derechos, asegurarnos mejores sueldos y buenas pensiones, en fin, un Estado benefactor, grande, poderoso y generoso, como una madre que sólo quiere nuestro bien y nunca nos abandona.
Esta es la melodía que ha marcado la contienda electoral y refleja un desplazamiento de fondo en las opciones de la mayoría de los chilenos, que parece decidida a modificar sustancialmente el modelo de desarrollo seguido por el país durante las últimas décadas. Esto es, más allá del nombre del nuevo presidente, lo importante, ya que impulsará a la sociedad chilena en una dirección incierta bajo el signo de un estatismo más o menos radical.
La propuesta de continuidad, representada por la candidata de la centroderecha Evelyn Matthei, será, por lo que indican los sondeos, ampliamente derrotada. Esto puede resultar incomprensible para quien analice el desempeño de Chile —en términos, por ejemplo, de crecimiento económico, mejoramiento de las condiciones generales de vida y reducción de la pobreza— desde la restauración de la democracia en 1990 y, más aún, durante el actual gobierno de Sebastián Piñera.
FUNDACIÓN LIBERTAD Y DESARROLLO
1. NUEVA CONSTITUCIÓN
“La ciudadanía debe participar activamente en la discusión y aprobación de la Nueva Constitución.
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