TEÓFILO CABALLERO
El año 2015 será fundamental puesto que los países pobres que fueron objeto de condonaciones de la deuda externa de parte de los organismos multilaterales y países amigos deberán demostrar ante la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU) importantes avances en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). En realidad son ocho objetivos, cada uno con una serie de metas específicas. Como se recordará, en el año 2000 la Asamblea General de la ONU aprobó la Declaración del Milenio en la que los mandatarios de 190 países del mundo firmaron el compromiso de estricto cumplimiento con los ODM; a cambio el mundo desarrollado condonaría parte de la deuda externa a los países subdesarrollados. En dicha Asamblea nuestro país estuvo representado por el extinto Presidente Gral. Hugo Banzer Suarez, quién en representación del Estado Nacional firmó el cumplimiento de los citados objetivos.
MAURICIO ROJAS
El Estado de Bienestar nació para darles una sólida protección social a los ciudadanos y asegurarles una serie de servicios básicos. Fue por ello que logró un gran respaldo en las sociedades europeas, sedientas de seguridad y prosperidad después de guerras devastadoras. Y fue para ello que el Estado se expandió enormemente, recaudó altísimos impuestos y reguló la vida social como nunca se había hecho en democracia. Y los europeos confiaron en su Estado: le cedieron gran parte de sus ingresos y le entregaron la educación de sus hijos, el cuidado de sus mayores, la administración de sus jubilaciones y su atención sanitaria.
Por todo ello es que hoy se sienten tan estafados. Cuando llegó la crisis y fueron a pedir sus "derechos" descubrieron que el cheque girado por el Estado no tenía fondos. Y no sólo eso: con sus enormes déficits y endeudamiento, el Estado benefactor pasó de ser una promesa de seguridad a ser la causa de la inseguridad. ¿Qué pasó?
Algunos les echan la culpa a "los mercados", los bancos o al "capitalismo salvaje", pero si así fuese todo el mundo estaría en crisis, y no lo está. La crisis es hoy europea y su epicentro son los Estados de Bienestar con su gasto desmedido, sus regulaciones sofocantes y sus insostenibles sistemas de seguridad social. La crisis europea es la crisis del Estado de Bienestar y tiene tres causas fundamentales: la idea sobre la que se construye, su estructura y sus excesos.
CARLOS ALBERTO MONTANER
Swaminathan Aiyar es un notable economista hindú que ha sacado una cuenta muy incómoda. Se le ocurrió medir el enorme precio que pagó la población de la India por no haber hecho antes la reforma económica que hoy mantiene en su país un ritmo de crecimiento que excede el 7% anual, reduce vertiginosamente el porcentaje de pobres y mejora sustancialmente la calidad de vida de los más necesitados. Los números son impresionantes: no haber hecho la reforma con antelación provocó la muerte de 14,5 millones de niños, mantuvo a 261 millones en el analfabetismo y a otros 109 por debajo de los límites de la pobreza. El estudio lo acaba de publicar el Cato Institute de Washington y se titula "El socialismo mata".
Los latinoamericanos deberían aprender de esta experiencia. No hacerlo, además de un crimen, es una estupidez casi perfecta. El ejemplo es muy claro: en la India ha habido dos grandes modelos de desarrollo. Entre 1947 y 1981 se ensayó la fórmula de la economía estatizada, dirigida por una enorme burocracia gubernamental, intensamente proteccionista, hostil a la empresa privada y a las inversiones extranjeras, convencida de las ventajas del desarrollo hacia dentro. El resultado de esa etapa socialista fue un crecimiento anual promedio de 3,5 que, cuando se descontaba el aumento de la población, quedaba reducido al 1,49.
Mientras los hindúes seguían esa senda socialista, tan parecida a los ensayos latinoamericanos, desde el peronismo hasta el chavismo, otros pueblos asiáticos —primero Taiwan, Corea del Sur, Hong-Kong, Singapur, luego Tailandia, Malasia e Indonesia— tomaron el camino contrario: abrieron sus economías, alejaron al gobierno del aparato productivo y fomentaron la iniciativa privada
GABRIELA CALDERÓN
El abogado peruano, Enrique Ghersi, nos dijo esta semana a un grupo de jóvenes que “América Latina vive en una economía mercantilista desde la época de la colonia”. Según Eli Hecksher —uno de los principales historiadores del mercantilismo— en este sistema hay propiedad privada sin competencia en el mercado económico, pero si en el mercado político.
A diferencia del mercantilismo, Hecksher dice que en la economía de mercado además de propiedad privada hay competencia en el mercado económico. Esta es el “capitalismo democrático” ya que todos los participantes en el mercado gozan de igualdad ante la ley en su búsqueda del voto/favor de la mayor cantidad posible de consumidores.
En el sistema mercantilista, como el ecuatoriano, un selecto grupo de empresarios suele reunirse con quien representa al poder público del Estado ecuatoriano para negociar a qué productos se les incrementa el arancel. Si la negociación es exitosa, preocúpese. Significa que tanto aquel que administra lo público como el empresario salen ganando a expensas suya, porque el administrador público gana más poder, el empresario gana un mercado cautivo y, a usted le redujeron su oportunidad de comprar un producto mejor y probablemente más barato.
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