Economía

IVÁN FINOT 

El 27 de abril el Presidente del Estado cedió a las presiones de la Central Obrera Boliviana al decidir aumentar el salario mínimo a 2.000 bolivianos y 7% al haber básico de quienes ganen más, retroactivamente a enero de este año. Mantiene así la política adoptada desde su primera gestión, de decidir aumentos de salarios sin consultar a los empleadores, no obstante que, por convenio internacional suscrito con la Organización Internacional del Trabajo, tiene la obligación de hacerlo.

mundoALFREDO BULLARD

Dos semanas atrás, escribía sobre el pesimismo del ser humano (“¿Todo tiempo pasado fue mejor?”, 8 de abril del 2017). Sostenía que la evidencia empírica demostraba que, contra lo que se suele decir, la humanidad se ha movido en los últimos dos siglos hacia el desarrollo y a un incremento espectacular del bienestar general. Nunca en la historia hemos estado mejor.

ganaciasBRITTANY HUNTER

Las mujeres en el mundo laboral nos vemos constantemente bombardeadas con retórica que pretende hacer que nos sentamos menos apreciadas que nuestros colegas masculinos.

GARY RODRÍGUEZ 

Se acerca la celebración del Primero de Mayo y -como ha venido ocurriendo en Bolivia durante más de una década- los trabajadores presionan al Gobierno por un desmesurado incremento salarial mientras que los empleadores, los que arriesgan y se sacrifican invirtiendo para hacer empresa en el país, son ignorados olímpicamente de la discusión del tema pese al Convenio de la OIT que recomienda un diálogo tripartito trabajadores-gobierno-empresarios, siendo que estos últimos son los que cargan con las consecuencias.

La preocupación es la de siempre: todo incremento salarial sin una mejora de la productividad de la mano de obra o de la competitividad sistémica derivada de políticas públicas implicará mayores costos de producción, una carga adicional que si bien el empresariado formal pudo sobrellevar durante el auge, no podrá ahora a la luz de lo visto el 2015 y 2016 con la desaceleración económica y precios bajos, sin garantía de mercados, sea el interno -que se pierde por la crecida de las importaciones alentadas por un dólar artificialmente barato- o el mercado externo, que se desaprovecha por los cupos a las exportaciones.