ALFREDO BULLARD
Imagínese la vida de nuestros antepasados. En la prehistoria vivíamos en grupos pequeños, de alrededor de 40 individuos. Competíamos con otros grupos y con otras especies, incluyendo predadores. No somos particularmente rápidos ni fuertes. En general, somos bastante vulnerables.
Pero nos hemos convertido en la especie más exitosa de todas. Poblamos todas las regiones del mundo. Sobrevivimos en cualquier clima o región del planeta: desde selvas agresivas, desiertos agrestes o fríos perpetuos. Y somos la única especie que ha sido capaz de sobrevivir en el espacio exterior, incluyendo la luna.
Gracias a la tecnología que hemos desarrollado sabemos volar mejor y más rápido que el más sofisticado de los pájaros, y podemos atravesar el mar o sumergirnos en él mejor que cualquier pez. Podemos alcanzar velocidades que dejan como tortugas al más rápido de los animales. Somos el predador más eficaz de todos y hemos llegado a domesticar infinidad de especies. Rara vez somos víctimas de algún predador. Si ello ocurre, lo consideramos un lamentable accidente.
Hemos multiplicado nuestra expectativa de vida varias veces. Vivimos en ciudades con tecnologías que hacen innecesario salir a buscar agua, fuego o alimentos. Ellos vienen a nuestras casas.
¿Cómo hemos llegado a ser tan exitosos? Es difícil explicarlo. La evolución biológica explica una parte. Pero es una explicación muy incompleta.
En las cavernas, el desarrollo de un lenguaje sofisticado fue un primer paso para salir de ellas. Nos permitió intercambiar experiencias e información con bastante detalle. Se aceleró nuestro proceso de aprendizaje. Luego la pintura rupestre y mucho después la escritura nos permitieron grabar ese conocimiento e intercambiarlo con otras personas y, más importante, con otras generaciones. La invención del papel le dio movilidad a esa información y la de la imprenta lo masificó generando el estallido científico y cultural que llamamos Renacimiento.
JUAN RAMÓN RALLO
El debate económico sobre las políticas de redistribución de la renta suele plantearse a modo de disyuntiva entre igualdad y
VANESA VALLEJO
En Latinoamérica es común escuchar gente diciendo que somos pobres porque los malvados Españoles nos expoliaron durante años. Que como se llevaron todo el oro que pudieron, quedamos condenados al estancamiento. Habría que preguntarle a quienes afirman tales cosas, ¿por qué entonces ni un solo país europeo cayó en la miseria después de que perdió las colonias? o ¿Cuál es la razón para que aquellos países que no tuvieron colonias salieran adelante y superaran, por mucho, el nivel de riqueza de Latinoamérica?
Quienes le siguen echando la culpa de nuestras tragedias a los colonizadores parecen no entender que el oro no es más que un medio de cambio. ¿Por qué los indígenas en Latinoamérica, a pesar de disponer de tanto oro, no tenían todos los inventos que había en España para esa época? Pues porque del oro no salen fábricas, o bienes y servicios deseables. Entonces, sin justificar el robo al que los indígenas fueron sometidos, es claro que no es esa la causa de que Latinoamérica no sea tan próspera como otras regiones.
Otra hipótesis, errada también, asegura que la riqueza tiene relación con los recursos naturales. Sin embargo, este mito se cae con la evidencia de países como Suiza, que sin salida al mar y con un terreno cultivable escaso que, debido al largo invierno, apenas da frutos cuatro meses al año, ha logrado posicionarse entre los países más ricos.
¿Cuál es, por ejemplo, la diferencia entre Colombia y Alemania? ¿Por qué los alemanes lograron acaparar mayor riqueza que los colombianos?
La respuesta es ahorro; capitalización. Es ahí en donde se encuentra la clave de la riqueza de una nación. Sacrificar consumo presente por futuro, sabiendo que tal renuncia permitirá, más adelante, consumir mayores cantidades y disfrutar de un bienestar superior.
Los países pobres, sin excepción, son aquellos en donde la acumulación de capital es escasa, no ha habido ahorro y por lo tanto no hay bienes de capital. La estructura productiva es cortísima, casi toda la producción se destina al consumo inmediato. En los países ricos, por el contrario, gran parte de los recursos están destinados a producir bienes que serán consumidos en el largo plazo. Hay una gran acumulación de capital porque el ahorro así lo ha permitido.
Iván Carrino
La economía no es el fuerte de Sergio Massa. En septiembre del año pasado, el ex candidato presidencial y actual diputado por la Provincia de Buenos Aires, había pedido suspender las importaciones por 120 días.
Dados los beneficios naturales que se derivan del comercio, la propuesta de Massa generó una reacción contundente del grueso de los economistas.
Pocos días atrás, el diputado volvió a insistir con un tema económico. Esta vez fue a través de su cuenta de Twitter. Tras comentar que no entendía por qué la “la papa sale de Otamendi a $4 el kilo y se la vende en hipermercados a más de $20”, sugirió que “hay una cadena de vivos que saca provecho del trabajo ajeno”.
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