Economía

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No hay nada más social que el libre mercado. Veamos por qué.

El libre mercado y el capitalismo
El libre mercado y el capitalismo tienen una imagen muy negativa en muchas sociedades. Son vistos como sistemas avaros, individualistas, egocéntricos, carentes de humanidad y de sentimientos. Por el contrario, el estatismo es visto como algo positivo, solidario, generoso, desinteresado.

Sin embargo hay pocas cosas cuya percepción esté tan desajustada con la realidad.

Pese a esa visión tan negativa, lo cierto es que no hay nada más social que el capitalismo y el libre mercado.

El libre mercado
El libre mercado no puede darse en la soledad, requiere de la participación de otros seres humanos, pero no de cualquier tipo de participación, sino de la participación voluntaria de personas que deciden intercambiar bienes y servicios.

En definitiva, el libre mercado consiste en satisfacer los deseos ajenos ¿acaso hay algo más bello y social?

El estatismo
El estatismo y el socialismo también requieren de la participación de más seres humanos, sin embargo esa participación no es plena, es limitada en el espacio, carece de vocación universal.

El estatismo crea fronteras, aranceles, barreras al intercambio global. Constriñe, limita el alcance de la participación y de la elección humana, las posibilidades de intercambio. Se inclina a la autarquía. Además, la participación humana en el estatismo y el socialismo no se guían por la voluntariedad, sino que impera la coacción.

Mauricio Ríos

Estas son algunas consideraciones preliminares sobre la macroeconomía boliviana ante el alejamiento de Arce Catacora. Como decía Milton Friedman, uno de los más grandes errores es juzgar a las políticas y programas por sus intenciones, en vez de sus resultados.

capitalismo5FERGHANE AZIHARI 

En 1800, había que trabajar, de media, una hora para obtener diez minutos de luz artificial.

MIGUEL DE ZUBIRÍA 

Quedó aterrado mi amigo cuando le comenté que el título del primer capítulo de mi libro era: El capitalismo: la mejor sociedad para anhelar, estudiar, trabajar, emprender, ¡vivir y ser feliz!. Como buen amigo mío, su reacción fue espontánea.
“¡Parece una cosa de locos! ¿Cómo puede alguien -supuestamente cuerdo, cosa que dudo- afirmar que el capitalismo es la mejor sociedad para anhelar, estudiar, trabajar, emprender, vivir y ser feliz? Me parece completamente increíble y deschavetado. Acaso en el ‘genial’ capitalismo ¿no hay pobres?, ¿no hay ricos?, ¿multimillonarios?, ¿niños trabajadores?, ¿personas sin acceso a salud, a vivienda, a servicios públicos? ¿No son todas estas colosales injusticias?”.

Con la rara paciencia que me dan los años recientes, me limité a responderle: “Mi estimado Carlos, ¿pobres?, sí los hay. ¿Ricos?, sí los hay. ¿Multimillonarios?, sí los hay. ¿Niños trabajadores?, sí los hay. ¿Personas sin acceso a salud, a vivienda ni a servicios públicos?, sí los hay. Pienso que no son injusticias sino equidades. Y le di a Carlos el borrador de este libro: El genial capitalismo. En buena medida es mi respuesta a sus preguntas, las cuales durante 27 años fueron las mías propias. O no propias, sino las que me enseñaron, pues me enseñaron a odiar el capitalismo. El primero en hacerlo fue mi querido abuelo Papá Memo, con quien leí el aburridísimo Capital. ¿También tú lo odias? Comencemos.

Por mucho, el capitalismo es el mejor sistema social de la historia, ¡económicamente también!
El primero que satisface las necesidades humanas de todos sus habitantes. Antes de él, millones y millones de personas sufrían a diario miedo, hambre, frío nocturno, sed, desnudez… Lo prueba esta sencilla y contundente gráfica:

Recién en 1820, cuando nacía el capitalismo, el 95% de los habitantes urbanos eran pobres o paupérrimos. ¡Qué horror! Hoy sobrevive con menos de dos dólares diarios solo el 5% de la población urbana, una de cada veinte personas. En Bogotá el porcentaje es menos; sus habitantes con necesidades básicas insatisfechas bajaron del 5,2% al 4,2% en 2015; menos de uno de cada veinte con una o más necesidades básicas insatisfechas. En dos siglos, la transformación capitalista fue increíblemente benéfica para todos, ocurrió una silenciosa re-evolución de marca mayor, jamás antes vista ni en la prehistoria ni tampoco en la historia humana.