CARLOS HERRERA

La idea de la participación popular en las decisiones políticas nos viene de la Grecia antigua. Fue en uno de aquellos Estados griegos (Atenas) donde germinó la idea política que hoy conocemos como Democracia, es decir, un régimen de gobierno que contempla  la participación del pueblo en la toma de decisiones políticas. Allí se perfiló también la idea de la “representación política”, porque los atenienses elegían en asambleas públicas, no solo a las autoridades encargadas de la administración, la milicia y los tribunales, sino también a un Consejo, algo así como un parlamento con la competencia de elaborar leyes y de vigilar a las autoridades.

JAVIER PAZ

En su artículo La lógica del propio interés (El Deber, 21/01/12) Alberto Bonadona hace una caracterización tendenciosa y equivocada del pensamiento de Adam Smith. Bonadona dice: “No hay nada que pueda frenar la búsqueda de la propia satisfacción y no hay nada, en la concepción smithiana, que diga por cuál vía lograrlo. No hay prójimo por quien preocuparse, se trata de cada uno por sí mismo. Ni familia ni religión o, mejor dicho, la religión es esa incesante sed de acumulación.” Cualquiera que lee este párrafo y el resto del artículo podría concluir que para Smith solo importaba la acumulación de riqueza, bajo una lógica maquiavélica e incluso criminal. Nada más lejano a la verdad.

chavez0508CARLOS ALBERTO MONTANER

¿Por qué decenas de millones de latinoamericanos no son capaces de advertir que los países que han conseguido despegar y alcanzar unos niveles de desarrollo y una calidad de vida aceptable son aquellos a los que emigran los mismos latinoamericanos que en sus naciones apoyan un modo diferente de hacer las cosas?

JUAN RAMÓN RALLO Y CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN

En uno de sus cuentos Borges refiere las aventuras de un misionero escocés que en tierras remotas predica el cristianismo ante unos reticentes aborígenes que rehúsan abandonar a sus hechiceros, a los que consideran todopoderosos porque son capaces de transformar a los hombres en hormigas. El misionero se niega a creerlo, y los nativos replican que se lo van a demostrar. A continuación le enseñan ¡un hormiguero!