Economía

DONALD J. BOUDREAUX 

Cada semestre comienzo mi clase de Introducción a la Economía en George Mason University preguntando a mis alumnos, “¿Cuántos de ustedes son ricos?” Aunque suelo tener 200 alumnos nunca nadie ha levantado la mano.

“¡Pero ustedes son ricos!”, insisto. “¡Cada uno de nosotros en esta aula es una de las personas más ricas del mundo!”

Mis alumnos piensan que estoy loco. “No soy rico, soy clase media” es lo que la mayoría piensa como respuesta a mi pregunta. Sin embargo, afortunadamente, ser clase media en EE.UU. hoy significa ser super rico de acuerdo a estándares históricos.

Esta es una pequeña muestra de las varias maneras en las que los estadounidenses son hoy tan ricos como Bill Gates, en comparación con casi toda la humanidad a lo largo de la historia:

Carlos Ball

Una despreciable costumbre que cada día gana nuevos adeptos, sin que la gente se atreva a criticarla, es la de hacer caridad con dinero ajeno. En diciembre, luego del maremoto en Asia, surgió una competencia mundial entre gobiernos para ver cuál aportaba más dinero para auxiliar a las víctimas y reparar los daños. Se olvida que el fin no justifica los medios. Ayudar a las víctimas de una tragedia es admirable, pero debemos aplaudir sólo las personas e instituciones que prestan ayuda con esfuerzo y financiamiento propio.

JUAN CARLOS HIDALGO 

Paul Krugman bien podría ser el economista más reconocido del momento. Y también el más peligroso. Desde su columna del New York Times —reproducida en toda América Latina— Krugman promueve políticas económicas que suenan como música para los oídos de políticos irresponsables. Su premio Nóbel, otorgado por su trabajo de finales de los setenta en la teoría del comercio internacional, poco tiene que ver con sus tesis actuales sobre política fiscal y monetaria. Aún así, le brinda un aura de autoridad en dichos campos que sirve para descalificar a sus críticos.

El argumento de Krugman es sencillo: Tras la grave recesión de 2008, el consumo privado permanece deprimido, lo que causa que las empresas no inviertan y que el desempleo se mantenga elevado. No es posible reducir las tasas de interés para estimular el consumo puesto que ya se encuentran cerca de cero. Por lo tanto, le corresponde al Estado llenar el vacío gastando a manos llenas y poniendo dinero en las manos de los consumidores. El planteamiento tiene un problema de entrada: El consumo privado en EE.UU. (en términos reales) ya está por encima de su nivel de finales de 2007, antes de que empezara la recesión. Es más, las ganancias corporativas representan en este momento un porcentaje mayor del PIB que antes de la crisis. Esto indica que no es por falta de demanda que las empresas no están invirtiendo. Sin embargo, Krugman insiste en que “lo que se necesita… es otro estallido de gasto gubernamental” (End This Depression Now, W. W. Norton & Company, 2012).

GARY RODRÍGUEZ 

INTRODUCCIÓN

Que Santa Cruz es la región más importante desde el punto de vista económico para Bolivia, es algo que debería estar fuera de discusión por varias razones: La principal, que a diferencia de La Paz (siendo la sede de gobierno resulta también una plaza económica muy importante para el país), el desarrollo económico cruceño es diversificado y ha sido logrado con una clara orientación de mercado, sin depender de lo que el Estado pueda hacer por él.

De igual manera, Santa Cruz de la Sierra, a diferencia de la capital paceña, encuentra su razón de ser en la fuerte actividad económica privada, y poco depende de lo que el Estado pueda hacer por ella, salvo en lo que respecta a las políticas públicas y toda medida que afecte el ambiente para hacer negocios, v.gr., en los campos de la infraestructura, seguridad jurídica, etc.