ANTHONY MUELLER
No debería sorprender a nadie el pánico de los burócratas brasileños cuando fue anunciada la baja tasa de crecimiento para 2011 de 2,7%. No pasó mucho tiempo antes de que el gobierno tomase las decisiones erradas. El camino correcto sería bajar la carga impositiva, reducir el excesivo e ineficiente gasto público, desburocratizar la administración pública y facilitar la actuación del sector privado para dinamizar la economía. En cambio, el gobierno brasileño tomó el camino más fácil y lo anunció como una política de crecimiento: redujo la tasa de interés para estimular la expansión del crédito. Teniendo en cuenta que el nivel de ahorro en Brasil es muy bajo, políticas como esta deforman la estructura del capital, provocan inversiones malas y resultan en inflación, estancamiento y recesión. Una vez más Brasil está en proceso de despegar en un vuelo de gallina.
La gallina en acción
En un libre mercado financiero (que es una ficción, ya que hoy no existe) la tasa natural de interés refleja las preferencias temporales. Asimismo, la tasa natural de interés informa sobre el grado de preparación de los agentes económicos para reducir el consumo a un nivel por debajo del potencial para tener una mayor producción o productividad en el futuro. En el caso de un proceso de crecimiento natural, el consumo real se queda por debajo del potencial y así libera recursos para la acumulación del capital. El tiempo de espera hasta la maduración de los proyectos de inversión refleja el grado de preferencia temporal.
JAMES GWARTNEY, ROBERT LAWSON, JOSHUA HALL
La libertad económica en EE.UU. viene menguando. De ser el ejemplo histórico de mercados más libres, EE.UU. ha visto su puntaje de libertad económica disminuir durante la última década de acuerdo al último Libertad Económica en el Mundo:
JIM POWELL
¿Por qué la economía de EE.UU. ha tenido un desempeño tan pobre en años recientes? La respuesta, en pocas palabras, es que muchos políticos en Washington no entienden el secreto más importante para que una economía sea próspera, o bien, lo ignoran.
JUAN CARLOS HIDALGO
La crisis financiera —y la posterior recesión económica— que azotó a EE.UU. de diciembre del 2007 a junio del 2009 sirvió para que líderes políticos de todas las vertientes ideológicas corrieran a escribir el obituario del capitalismo y de las políticas de libre mercado. No sólo se trató de los populistas de siempre como Hugo Chávez en Venezuela o Cristina Fernández en Argentina, sino de líderes moderados de centroizquierda y centroderecha como Michelle Bachelet, Gordon Brown, Nicolás Sarkozy y Angela Merkel. Todos acusaron al “laissez faire” y a la desregulación financiera por una crisis cuyas repercusiones aún sentimos.
Sin embargo este análisis simplista dista mucho de la realidad, ya que pasa convenientemente por alto las múltiples regulaciones, políticas gubernamentales y pronunciamientos políticos que durante muchos años distorsionaron al mercado y llevaron a las consecuencias desastrosas conocidas. Las huellas del intervencionismo estatal están por todos lados.
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