Álvaro Vargas Llosa
En la siguiente década, las cuatro economías han crecido a un ritmo mucho más rápido que el resto del mundo, sacando a millones de personas de la pobreza: unos 40 millones tan sólo en Brasil. De hecho, un informe más reciente de Goldman Sachs, publicado en 2010, predijo que los países BRIC podrían ser responsables de un 41% de participación del mercado mundial para el año 2030. Pero eso está lejos de ser cierto.
La economía de Brasil, por ejemplo, está plagada de problemas, a pesar de una tasa anual compuesta de crecimiento de 4,4% en los últimos cinco años. A menos que Brasil deshaga el nudo gordiano, el grupo BRIC podría convertirse en el grupo RIC.
ROBERTO CACHANOSKY
Supongamos que Juan produce 10 manzanas, Pedro 8 y José ninguna porque le gusta contemplar el techo. En total, la economía produce 18 manzanas. Aparece entonces el Estado Benefactor y decide que Juan y Pedro son unos capitalistas salvajes porque están teniendo “muchas” utilidades y que es función del gobierno aplicar una justa distribución del ingreso.
Por lo tanto, a través de la cadena nacional, el gobernante de turno decide anunciar su nueva política de justa distribución del ingreso que consiste en dividir el total de las manzanas en partes iguales entre Juan, Pedro y José, porque finalmente no puede violarse el derecho humano de José a seguir contemplando el techo y mucho menos tolerar la desmedida ambición de ganancias que tienen Juan y Pedro. Finalmente, ¿para qué está el Estado si no es para limitar la angurria del capitalismo salvaje y regular el mercado al cual no puede dejarse librado a su libre accionar porque siempre funciona en contra de los pobres? Son ellos, los dirigentes políticos quienes, gracias a un don natural, consiguieron tener el monopolio de la benevolencia para contrarrestar las desaforadas ambiciones de utilidades de los eternos especuladores y remarcadores de precios.
ORLANDO J. FERRERES
En tamaño de PIB, la Argentina era, en 1928, un 50% mayor que Brasil. Hoy es 5 veces menor. Para corregirnos, tenemos que investigar qué pasó. Tenemos que cambiar nuestras creencias, pues las que tenemos no dan resultados. Es difícil la tarea, especialmente, porque los que se benefician con estas creencias han logrado convencer al pueblo, al que explotan, de que son las mejores, aunque los resultados estén a la vista.
No hemos respetado nada: a los que reciben un sueldo en moneda argentina o ahorran en esa moneda, les pagamos con inflación para ir sacándoles de a poco lo que van ganando. A los que nos prestan dinero en moneda extrajera (bonistas) para los fines que tenga nuestro Estado se les declara el default cuando llegan las primeras dificultades financieras. A las empresas formales, que tienen tecnología de clase mundial, que traen recursos financieros cuantiosos, que hacen crecer como proveedores o distribuidores a miles de Pymes, les ponemos regulaciones agobiadoras hasta que se agotan sus resultados y finalmente se mudan a otros países. Casi todas las empresas argentinas que
tenían su casa matriz en Buenos Aires han tenido que trasladarse a otras jurisdicciones pues aquí no encontraron seguridad jurídica y, además, tenían que pagar tasas de interés de 900 puntos básicos mayores que en otros lugares, por el "el riesgo país" que introduce un estado defaulteador.
Álvaro Vargas Llosa
No pasa un día sin que lleguen de España noticias terroríficas. Cuando no es el aumento del paro (la cifra de desempleados superará este año los 5,5 millones de personas y la mitad de los jóvenes están desocupados), es la incapacidad para colocar bonos porque los mercados no confían en quien los vende (esta semana, el gobierno sólo pudo conseguir prestados 2,6 mil millones de euros de los 3,5 mil millones que pretendía).
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