Economía

WALTER WILLIAMS

Cada día escuchamos algo acerca de los mercados. Tu presentador de las noticias de las 6 en punto puede que diga: "El mercado tuvo un mal día." El año pasado, el Presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, habló acerca de la exuberancia irracional del mercado. Supongo que ahora él diría que el mercado tiene un pesimismo irracional.

En la universidad, tu profesor pudo haberte dicho que no se puede confiar en el mercado y que por eso necesitamos al gobierno. Tu político puede que moralice: "A quién le tocará recibir medicinas recetadas por un médico no es algo que debería dejarse a lo que decida el mercado." Un líder de derechos civiles o un feminista puede que diga que el mercado es racista y sexista y posiblemente homofóbico.

Aquí está mi pregunta: ¿quién es este tipo al que llamamos el mercado? Si él provoca tanto desorden en la vida de la gente, ¿no deberíamos nosotros encontrar una manera de hacer que se comporte bien? Si es que vamos a enderezar a este tipo o mercado, deberíamos empezar primero identificándolo.

OVIDIO ROCA

El 17 de Julio del 2007, el Presidente Evo Morales firmó con la Jindal Steel & Power el contrato para la explotación del yacimiento de hierro del Mutún.

"Misión cumplida", dijo el Jefe de Estado, e informó que las ganancias para el país serán de 200 millones de dólares cada año; que se explotará sólo la mitad del yacimiento; que habrá una inversión de 2.100 millones de dólares en 8 años (600 millones en los dos primeros años) todo bajo un contrato por 40 años que contempla la industrialización del hierro. Vale  decir, extracción del mineral concentrado, fabricación de hierro, acero, laminados.
Asimismo, informó que el 95 por ciento del personal que trabajará será boliviano y se generarán 4 mil empleos directos y 12 mil indirectos.

JAVIER PAZ

Pocos atributos humanos son tan mal comprendidos y objeto de la condena general como el ánimo de lucro.

Sin embargo, el ánimo de lucro es una parte esencial de nuestro instinto de supervivencia; es una expresión de nuestra búsqueda de mejora continua como seres humanos, de progreso, de bienestar, de mejores días para nuestra descendencia. Así como la religión y la meditación son mecanismos para que mejoremos interiormente, el ánimo de lucro es un mecanismo para que mejoremos materialmente. Y no existe una contradicción entre progreso interior y el exterior, sino que se complementan. Ambos son partes del ser humano, como lo son el cuerpo y la mente.

FERNANDO PARRILLA

Uno de los principales problemas que tenemos actualmente como sociedad es que nos gobierna gente cuyo principal talento es su capacidad para contentar a la mayoría. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que sus políticas favorezcan a la mayoría, sino que, por medio de la demagogia, las falacias y la propaganda son capaces de hacer pensar a millones de individuos con intereses contrapuestos que son los beneficiarios de la acción gubernamental.

Las ideas que predominan en la sociedad no son las que se han demostrado útiles a los ciudadanos, sino las que permiten a los políticos llegar al poder.
Un ejemplo de idea absurda es el mantra sobre la imperiosa necesidad de generar empleo. Se confunde el deseo de una buena parte de la población de percibir una retribución de forma estable y periódica, que les asegure una vida confortable, con el fin último de la economía nacional. La propaganda ha calado tan hondo, que incluso muchos empresarios se vanaglorian de que uno de sus objetivos principales es crear puestos de trabajo.