CARLOS ALBERTO MONTANER
La prensa destacó la parte pintoresca. Los gestos histriónicos de Hugo Chávez y sus excesos verbales, las declaraciones de ese notable pensador llamado Diego Armando Maradona y los heroicos ataques a los McDonalds, imagen mítica del imperialismo yanqui, aunque, curiosamente, se trata de restaurantes populares y económicos, notables por sus altos estándares de higiene, preferidos por los jóvenes estudiantes y por personas de bajos ingresos.
Sin embargo, por debajo del sensacionalismo, la noticia más trascendente era ésta: a principios de noviembre de 2005, durante la reciente cumbre de Mar del Plata, se demostró, otra vez, que una parte sustancial de los latinoamericanos rechaza las libertades económicas y prefiere acogerse a un modelo de organización social en que el Estado, administrado por gobiernos populistas poco respetuosos de la legislación vigente, no necesariamente apegado a los métodos democráticos ni al respeto por los derechos individuales, asigne los bienes producidos y tenga una función rectora y proteccionista.
WALTER WILLIAMS
Cada día escuchamos algo acerca de los mercados. Tu presentador de las noticias de las 6 en punto puede que diga: "El mercado tuvo un mal día." El año pasado, el Presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, habló acerca de la exuberancia irracional del mercado. Supongo que ahora él diría que el mercado tiene un pesimismo irracional.
En la universidad, tu profesor pudo haberte dicho que no se puede confiar en el mercado y que por eso necesitamos al gobierno. Tu político puede que moralice: "A quién le tocará recibir medicinas recetadas por un médico no es algo que debería dejarse a lo que decida el mercado." Un líder de derechos civiles o un feminista puede que diga que el mercado es racista y sexista y posiblemente homofóbico.
Aquí está mi pregunta: ¿quién es este tipo al que llamamos el mercado? Si él provoca tanto desorden en la vida de la gente, ¿no deberíamos nosotros encontrar una manera de hacer que se comporte bien? Si es que vamos a enderezar a este tipo o mercado, deberíamos empezar primero identificándolo.
OVIDIO ROCA
El 17 de Julio del 2007, el Presidente Evo Morales firmó con la Jindal Steel & Power el contrato para la explotación del yacimiento de hierro del Mutún.
"Misión cumplida", dijo el Jefe de Estado, e informó que las ganancias para el país serán de 200 millones de dólares cada año; que se explotará sólo la mitad del yacimiento; que habrá una inversión de 2.100 millones de dólares en 8 años (600 millones en los dos primeros años) todo bajo un contrato por 40 años que contempla la industrialización del hierro. Vale decir, extracción del mineral concentrado, fabricación de hierro, acero, laminados.
Asimismo, informó que el 95 por ciento del personal que trabajará será boliviano y se generarán 4 mil empleos directos y 12 mil indirectos.
JAVIER PAZ
Pocos atributos humanos son tan mal comprendidos y objeto de la condena general como el ánimo de lucro.
Sin embargo, el ánimo de lucro es una parte esencial de nuestro instinto de supervivencia; es una expresión de nuestra búsqueda de mejora continua como seres humanos, de progreso, de bienestar, de mejores días para nuestra descendencia. Así como la religión y la meditación son mecanismos para que mejoremos interiormente, el ánimo de lucro es un mecanismo para que mejoremos materialmente. Y no existe una contradicción entre progreso interior y el exterior, sino que se complementan. Ambos son partes del ser humano, como lo son el cuerpo y la mente.
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