Carlos Alberto Montaner
Súbitamente, acorralado en el terreno dialéctico, uno de los interlocutores renuncia al diálogo racional y afirma simultáneamente una cosa y la contraria vaciando el debate de coherencia lógica.
Algo así sucede con la argumentación de los enemigos de la libertad de comercio y la integración. Lo que sigue, pues, son sólo unas cuantas observaciones dedicadas a tratar de desmontar algunas falacias y exponer ciertas inquietantes paradojas.
JUAN RAMÓN RALLO
Entre 2001 y 2007 España experimentó la que probablemente haya sido la mayor burbuja inmobiliaria del mundo gracias a que alrededor del 60% de todos los créditos de un sistema financiero tremendamente endeudado con el extranjero se dirigieron hacia el ladrillo.
JAVIER PAZ
Los seres humanos buscamos nuestro bienestar. En la economía de mercado, la forma de satisfacer nuestras necesidades es cooperando y satisfaciendo las necesidades ajenas; y satisfacemos las necesidades ajenas porque conviene a nuestro propio interés. Como dijo Adam Smith, “no es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”. El agricultor siembra para mejorar su condición económica, pero al hacerlo también ayuda a quienes demandan su producto. El trabajador asalariado cumple con los horarios de trabajo y hace sus labores responsablemente porque quiere mantener su puesto y en lo posible escalar profesionalmente, precisamente buscando su propio interés. El ama de casa que rebate los mercados buscando las verduras más frescas y baratas, lo hace porque tiene su propio interés en mente, y nunca se le ocurriría comprar un tomate podrido por benevolencia hacia el vendedor. Y la que le vende los tomates no lo hace por un deseo filantrópico de alimentar a la población, sino de procurar su propio sustento y el de su familia.
MANUEL HINDS
Hay dos enfoques para la política económica de un gobierno. El primero, heredado del feudalismo y las monarquías absolutas, consiste en cerrar oportunidades que naturalmente están abiertas en el mercado, para abrirlas otra vez pero sólo para algunos privilegiados.
Un ejemplo de este tipo de enfoque se da cuando, como fue hasta los noventas en nuestro país, el gobierno establece altísimas tarifas de importación para un gran número de productos y las cosas que se usan para producirlos, y luego le da permiso a alguno o algunos (siempre un número pequeño) para que importen estos componentes con cero tarifas de importación, los armen aquí y puedan venderlos mucho más caros que lo que valen en los mercados internacionales. Cuando el gobierno daba estos privilegios a una persona, se decía que esta persona había recibido “los beneficios de la ley”. Por supuesto sólo unos pocos los lograban. Si no, no hubieran servido de nada a los beneficiarios.
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