Iván Carrino
Venezuela está cada vez peor. La última noticia conocida tiene que ver con el ámbito político. El mandamás Nicolás Maduro, a través de su “Asamblea Constituyente”, decidió disolver la Asamblea Nacional y asumir sus funciones.
Con esta medida se le pone fin al último vestigio de división de poderes que todavía quedaba vigente, aunque solo fuera como una fachada de cierta normalidad institucional.
Por un camino similar transita la economía. Las variables van para atrás, con la producción cayendo, los precios subiendo, la moneda devaluándose y la pobreza en aumento permanente.
Las emigraciones, en este contexto, son una constante. Gran parte de la población está convencida que la única salida a esta situación es por el Aeropuerto Internacional de Maiquetía.
Ahora bien, ¿a qué se debe semejante involución? En otra oportunidad este servidor explicó que los resultados económicos del chavismo bolivariano eran la consecuencia directa de haber seguido pie juntillas el proyecto socialista.
Es que cuando se destruyen los derechos de propiedad y el Gobierno se hace cargo de la producción, el socialismo queda instalado y la decadencia es lo único que sobreviene.
GONZALO CHÁVEZ
Los dueños del poder han desarrollado una curioso fetichismo por los resultados del Producto Interno Bruto (PIB). El fetichismo es una creencia política, económica o sexual que le atribuye a los objetos o conceptos poderes sobrenaturales. El PIB, en su versión de twitter, es el valor de mercados de todos los bienes y servicios finales producidos en una economía durante un periodo de tiempo. Desde la máquina de propaganda se ametralla a la opinión pública hasta el cansancio:
El Evo economics consiguió un crecimiento promedio del 5% entre 2006 y 2016. Nunca como antes se creció tanto. Por cuarto año consecutivo Bolivia registrará la más alta tasa de incremento del PIB en la región. Es uno de los estandartes de oro del nuevo modelo económico. El haber alcanzado estos guarismos es una especie de capa mágica que cura todos los males de la sociedad.
EDUARDO BOWLES
De acuerdo a un reciente informe, las denominadas exportaciones no tradicionales bolivianas, es decir, todas aquellas que no pertenecen a la minería ni al sector hidrocarburos, disminuyeron un 64 por ciento desde el 2014 y considerando el volumen, la reducción es aún más drástica y alcanza el 77 por ciento.
El balance pertenece a la Cámara de Exportadores y detalla que las ventas externas de esta franja de productos, la mayoría pertenecientes al sector agropecuario, pasaron de 1.129 millones de dólares en junio de 2014 a 704 millones de dólares en el mismo mes de 2017. Lo peor del caso es que este rubro sigue cayendo, como ha sucedido en el primer semestre de este año, con una variación negativa del 14 por ciento, unos 110 millones de dólares menos.
IGNACIO CLANCY
Mucho se está hablando del consumo en los últimos tiempos en la Argentina. Se dice que los comercios están llenos de gente, que en los feriados el turismo agota la capacidad hotelera y que los gastos realizados superan a los feriados anteriores, que la gente ahora puede comprar televisores LCD, etc. La lista es larga y podría poner mucho ejemplos más, pero lo importante es señalar que estas ideas lo que generan es una sensación de bienestar económico. Es fácil pensar que, si los comercios desbordan de clientes y los argentinos gastan mucho en turismo, la economía del país marcha bien, está creciendo y hay trabajo.
Pero veremos que estos indicadores populares de consumo no necesariamente reflejan una expansión económica, sino todo lo contrario: son señales de alarma (en el caso de nuestro país). Comencemos con los siguientes conceptos: consumo, ahorro y atesoramiento.
El primero de los términos, consumo, se refiere a la parte del ingreso que un individuo destina a la adquisición de bienes y servicios. El ahorro es la otra parte del ingreso que un individuo no consume pero que invierte buscando una renta, el plazo fijo es un ejemplo. La parte del ingreso que mantiene en efectivo o “debajo del colchón” se llama atesoramiento y no genera ninguna renta. Es muy importante diferenciar entre ahorro y atesoramiento, porque el primero al invertirse entra en el sistema productivo del país, esto significa que permite financiar las inversiones de otros individuos. Así, el dinero depositado en un plazo fijo es utilizado por el banco para prestarlo a otro individuo que busca financiar sus proyectos.
Entonces cuanto mayor sea el nivel de ahorro, más dinero habrá para financiar inversiones. Por otro lado el atesoramiento no permite el financiamiento de otros individuos ya que el dinero no está en el sistema. El otro aspecto importante a resaltar sobre estos tres conceptos es que, cuanto mayor es el consumo, menor es el ahorro. El último concepto fundamental que es necesario entender es el de los bienes de capital, que son aquellos bienes que no se destinan al consumo final, sino a procesos productivos, ya sea como materia prima o como bienes intermedios del proceso. Pueden ser metales, maquinarias, tornillos, etc. Lo importante de estos bienes es que generan trabajo, porque se necesita gente para convertirlos en bienes de consumo.
Ahora ya podemos comenzar a analizar el crecimiento de la economía de un país en función del consumo y del ahorro. La creencia popular dice que si la gente compra, gasta o consume, la economía está bien, está creciendo. Pero analicemos cómo crecen las economías. Si bien hay muchas formas de medir el crecimiento económico, la realidad es que una economía crece cuando aumentan los bienes de capital en la misma, o sea cuando hay más bienes de producción (cuando aumentan las maquinarias en una fábrica, el stock ganadero en un campo, etc.). Ahora, ¿cómo se generan estos bienes de capital? Se los puede producir o comprar, pero como sea, para ello se necesita dinero y justamente ese dinero sale del ahorro previamente hecho. Recordemos que al aumentar los bienes de capital aumenta también el empleo.
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