EDUARDO BOWLES
Una reciente encuesta específica sobre el empleo lamentablemente pinta una realidad muy distinta a la que suele difundir el gobierno, que se ufana porque supuestamente Bolivia tiene uno de los índices de desocupación más bajos del continente. Cuando se realizó el Censo 2012, la ciudadanía pudo conocer con claridad el método que usan las autoridades para medir este asunto y que considera “empleado” a cualquiera que haya tenido aunque sea una “chambita” en la última semana, sin importar la estabilidad, las condiciones y menos la calidad del puesto.
CARLOS MIRANDA
Estimado lector, debo confesar que en gran parte las reflexiones en las próximas líneas han sido motivadas por las actividades de homenaje a la Pachamama del círculo oficialista y también del opositor, una semana antes de las fiestas patrias.
Lo que llama la atención es que el oficialismo, además de agradecer por los años de bonanza, pretendería que la Pachamama ejercite su influencia para que continúen en el poder y así completar su ciclo de cambio económico y social. Obviamente, la oposición exhibirá la ley sobre el TIPNIS, que desdice todo el discurso de respeto a la Madre Tierra del actual Gobierno.
Esas declaraciones y denuncias no se sabe si se harán desde las apachetas tradicionales o en Beijín, donde se cree que la Pachamama tiene oficinas importantes que siguen el crecimiento de la economía china, que determinan la demanda de productos básicos y sus precios que afectan la economía de países en desarrollo.
Pero dejemos a los políticos nacionales definir su diálogo sideral con la Madre Tierra. Nosotros, como desde hace muchos años, continuemos "Hablando sobre energía”.
LIBERTAD.ORG
Es frecuente escuchar que bajo el capitalismo impera la ley de la selva, que las desregulaciones y el libre mercado conducen al caos, a los abusos y a la explotación del débil. Que por todo ello es imprescindible que haya leyes, normas y más normas que pongan orden y armonía en la actividad humana. Quienes así hablan normalmente lo hacen de manera irreflexiva, tan solo repiten tópicos y frases hechas que quedan bien, que van a favor de la corriente. Quienes defienden la necesidad de normas que regulen las relaciones humanas no entienden que las personas somos capaces de llegar a acuerdos voluntarios; que cada transacción, cada intercambio humano obedece a condiciones libremente pactadas por los afectados, por las partes.
En realidad, en un entorno de libre cambio no hay ausencia de leyes, sino que existen miles de leyes, tantas como intercambios, y la ley es reemplazada por miles, por millones de contratos. Porque cada contrato privado es una ley en sí misma para quienes lo suscriben; pero, a diferencia de las leyes estatales, es una ley libremente pactada, no impuesta por un tercero ajeno al contrato. Y es que nadie se ve obligado por un contrato al que no ha dado su consentimiento, por un contrato que no ha firmado. Las leyes, por el contrario, imponen restricciones y obligaciones no consentidas por aquel a quien son exigibles.
Se confunde la ausencia de leyes con la ausencia de normas. En entornos de libre cambio hay normas, claro que sí, las normas que las partes se dan a sí mismas en forma de contrato, donde pactan las obligaciones y los derechos respectivos. A veces esos contratos son complejísimos, con multitud de cláusulas que regulan hasta el más mínimo detalle. Pero lo que no hay es una ley impuesta por el gobierno, por alguien ajeno a las partes. Frente a las leyes-contrato voluntariamente pactadas tenemos las leyes impuestas al margen o incluso en contra de la voluntad de las partes. No en vano, por ejemplo en España, se promulgan por las distintas administraciones públicas más de 900,000 páginas al año de regulaciones y hay en vigor 100,000 leyes.
VANESA VALLEJO
Incontables veces quienes defendemos el “capitalismo salvaje” nos encontramos con socialdemócratas e izquierdistas que aseguran tener la prueba de que la clave para el desarrollo económico y la prosperidad es un gran Estado de bienestar.
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