Economía

DANIEL LACALLE 

Imagine por un momento que es usted un ciudadano británico, dudando ante el escenario del Brexit. Enciende usted la televisión británica y escucha al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, decir lo siguiente:

- Que los veintisiete países estén en el euro y en Schengen en 2019

- Que “no somos ingenuos defensores del libre comercio”

- Que Europa necesita un superministro europeo de Economía y Finanzas que sea también vicepresidente de la Comisión y presidente del Eurogrupo.

- Que se cree un Fondo Monetario Europeo

Probablemente en ese instante muchas dudas se disipen. Desafortunadamente, para los que quisiéramos que el Reino Unido permanezca en la Unión Europea, en el sentido contrario a nuestros deseos.

El discurso de Juncker del pasado día 13 no buscaba una postura de acercamiento a Reino Unido, sino profundizar en el actual modelo de la eurozona a toda costa. Se presentaba como una oportunidad para recordar su proyecto de Unión Europea, claramente basado en el dirigismo económico y financiero francés, y muy lejos de la apertura y libertad económica anglosajona, irlandesa u holandesa.

Ese es el gran problema. El mensaje de “más Europa” siempre se orienta a “más intervencionismo”.

VÍCTOR PAVÓN 

Hay dos maneras básicas de gastar dinero. La diferencia está en cómo se gasta el dinero propio y el ajeno. Este último caso es el que ahora nos interesa. Se viene el estudio y aprobación del Presupuesto General para el año que viene. Pero como están cerca las elecciones internas de los partidos políticos y luego las nacionales, los congresistas no pierden el tiempo en mostrarse fieles a sus electorados.

¿Para qué esperar tanto? La Cámara de Diputados, días atrás, se adelantó a lo que se viene, aprobando varias ampliaciones presupuestarias en concepto de salarios, bonificaciones y gratificaciones.

El incremento que ya cuenta con media sanción ascendió a más de 4 millones de dólares. El diputado Dionisio Amarilla lo sintetizó claramente: “esto es apenas moneda y vuelto de los perros”, según dijo.

Por supuesto, hay una notable diferencia entre gastar el dinero de uno mismo y hacerlo con el dinero de otros, como lo ocurrido en Diputados. Por lo general, si se gasta el dinero de uno mismo se tiende a economizar y hasta ahorrar, es lo que ocurre cuando uno va de compras, se busca el máximo valor.

Muy diferente sucede, sin embargo, cuando el dinero que se gasta es de otro, pues si el que lo gasta sabe que dicho dinero no le pertenece sino que es de otros a los que ni siquiera conoce o trata habitualmente y si, además, tiene la disponibilidad absoluta de destinar ese dinero hacia tal o cual sector levantando la mano en una sesión como lo es un cuerpo colegiado, entonces ese gasto tenderá a no ser económico ni ahorrativo.

La diferencia es sustancial. Si se gasta el dinero propio se busca el máximo rendimiento y su uso tiende a optimizarse. Pero si se gasta el dinero de otro la tendencia será lo contrario y tendrá todavía menos rendimiento y eficiencia si nadie controla ese gasto pidiendo periódicamente rendición de cuentas. Pues bien, este último caso es lo que caracteriza a los gobiernos, con políticos disociados de sus electores, y en los que tampoco éstos últimos hacen su parte.

CARLOS MIRANDA

Nuestra petrolera estatal ha ingresado a una época difícil y está arrastrando consigo gran parte de nuestra economía. Las estadísticas muestran que el 2016 se ha producido menos hidrocarburos (gas y condensado) que el 2015 y que este año se producirá menos que el 2016. Para cumplir con todos los compromisos de abastecimiento de gas natural que tenemos deberíamos producir 60 MMm3/d, volumen que ahora no podemos producir. En otras palabras, YPFB está tratando de cumplir con dificultad sus contratos con la producción de campos en declinación, que cada día producen menos, en un clima de precios bajos de petróleo y disminución de otras exportaciones del país.

JOSÉ GABRIEL ESPINIOZA 

Para empezar hay que clarificar los términos: la desaceleración es una situación en la que el ritmo con lo que algo crece o avanza disminuye. En economía, desaceleración se entiende como la reducción temporal del ritmo de crecimiento del PIB. Por otro lado, la recesión es la reducción del valor del PIB, es decir, para que exista una recesión (palabras mayores) se debe registrar una tasa de crecimiento negativa. Técnicamente, un país entra en recesión cuando registra tasas de crecimiento negativas durante al menos tres trimestres consecutivos.