JUAN RAMÓN RALLO
Hace poco más de dos semanas, el Instituto Juan de Mariana galardonó al economista estadounidense Robert Higgs con su premio anual a una trayectoria en defensa de la libertad. Una de las aportaciones seminales de Higgs a la ciencia económica es su concepto de "incertidumbre régimen", a saber, el clima de absoluta desconfianza hacia la inversión que se instala en un país cuando los gobiernos intervienen alocada, arbitraria y generalizadamente sobre la economía.
Higgs aplicó por primera vez su concepto de incertidumbre régimen para explicar por qué Estados Unidos tardó tanto tiempo en salir de su Gran Depresión de los años 30: no fue, argumentaba Higgs, porque el gobierno estadounidense de Franklin Delano Roosevelt no interviniera lo suficiente, sino porque intervino demasiado socavando la estabilidad política, macroeconómica y microeconómica del país y, en consecuencia, hundiendo la propensión a invertir de los ahorradores.
Sin embargo, el concepto de incertidumbre régimen de Higgs también puede usarse para analizar la situación en la que lleva instalada Grecia desde el año 2010, momento en el que se destapó el fraude en sus cuentas públicas y en el que se multiplicaron los recelos en torno a la credibilidad de su gobierno y a la solvencia de sus administraciones. Desde entonces, el país ha estado sometido a tiras y aflojas permanentes con sus acreedores, a incumplimientos sistemáticos de sus compromisos o a cambios legislativos desnortados y en muchas ocasiones dañinos
HENRY OPORTO
La caída de casi el 30% en el valor de nuestras exportaciones, al primer trimestre de 2015, es un indicador de que el impacto de la reducción de los precios de los commodities y la desaceleración económica ha llegado a Bolivia.
JUAN CARLOS HIDALGO
Un lugar común en debates sobre desarrollo consiste en identificar a los países nórdicos —Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia— como ejemplos exitosos de economías socialistas, cuyos modelos además deberían ser replicados en otras partes del mundo, particularmente en América Latina.
El error consiste en catalogar a estas economías como socialistas simplemente porque cuentan con elevados niveles de gasto público y altas cargas tributarias. Si bien es cierto estos países se distinguen por sus generosos Estados de Bienestar, la realidad es que en otras áreas de política económica se encuentran entre las naciones más libres del planeta.
El índice de Libertad Económica en el Mundo, diseñado originalmente por un grupo de economistas liderado por Milton Friedman y publicado anualmente por el Fraser Institute de Canadá, identifica cinco grandes áreas que determinan la libertad económica de un país: 1) tamaño del Estado, 2) sistema jurídico y derechos de propiedad, 3) solidez de la política monetaria, 4) libertad de comercio internacional y 5) regulaciones de los mercados crediticio, laboral y comercial.
Según este estudio, en su última versión del 2013, todos los países nórdicos, excepto uno, ocupan posiciones entre las 40 economías más libres del planeta: Finlandia (7), Dinamarca (14), Suecia (29) y Noruega (31). La excepción es Islandia, en el lugar 41. En contraposición, solo dos naciones latinoamericanas están entre las 40 más abiertas: Chile (11) y Perú (22).
NICOLÁS CACHANOSKY
Las críticas que el Papa Francisco hiciese al libre mercado en el Evangelii Gaudium (“La alegría del Evangelio”) han generado fuertes reacciones. No sólo en Argentina, su país de origen, sino en varios países alrededor del mundo. Un ejemplo es un reciente post de Gregory Mankiw (Harvard University) en su blog con breves pero interesantes reflexiones. Especial atención recibió el pasaje donde el documento critica la teoría del “derrame, que supone que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismo sacralizados del sistema económico imperante” (p. 44).
En primer lugar hay que reconocer que puede haber posibles matices semánticos que pueden llevar a imprecisas interpretaciones. Es decir, el Evangelii Gaudium no es un documento de carácter económico. No obstante, es claro el mensaje crítico hacia el libre mercado y presenta un difícil desafío sugerir que el documento no se refiere, en verdad, a una economía libre luego de argumentar “salvedades semánticas”. En segundo lugar, coincido con Mankiw que el “derrame” no es una teoría ni mucho menos un término técnico y que es una palabra de corte peyorativo utilizado por sectores de izquierda y grupos críticos de los mercados libres. Al utilizar esta palabra, el Papa incorpora un sesgo negativo hacia el término libre mercado en lugar de utilizar un término neutral.
El desliz terminológico en temas económicos en el documento sugiere la necesidad de cierta cautela en las fuertes afirmaciones que el documento ofrece. Afirmaciones categóricas en un documento de esta trascendencia deberían estar mejor respaldadas en su articulación. Para ser un documento de tanta trascendencia, deja ver un cierto desinterés o impericia en la forma de tratar problemas económicos. Imagínese la opinión en un texto económico crítico de la Iglesia con un claro uso superficial del lenguaje propio de la disciplina criticada acompañado de calificativos como “confianza burda e ingenua”. Utilizar definiciones imprecisas puede llevar a observar problemas donde no los hay.
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