IAN VÁSQUEZ
Mientras el default de la pequeña economía griega ocupaba la atención global, las bolsas de valores de China, la segunda economía más grande del mundo, se han desplomado. En menos de un mes, el valor de estas ha caído alrededor de un tercio, por más de 3 billones de dólares.
¿Será este el principio de una crisis financiera y económica mayor? De ser así, las consecuencias para América Latina y el mundo serían graves. China es uno de los principales socios comerciales de la región, y fuente importante de inversiones en muchos países. Una crisis económica ahí desaceleraría la economía mundial, cosa que impactaría todavía más en toda la región.
No hay duda de que el desarrollo chino ha sido espectacular durante décadas. Ha mantenido un crecimiento económico anual que promedia el 9-10%, con lo que ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza. Pero sigue siendo un país con baja libertad económica. El éxito chino se debe a que se aplicaron ciertas reformas liberales importantes en lo que fue un país sumamente pobre y reprimido. Bajo esas condiciones, se puede lograr alto crecimiento por largo tiempo. Pero no de manera indefinida.
Uno de los numerosos sectores no liberalizados es el financiero. China sufre de una alta represión financiera. Hay controles de capitales, las tasas de interés no son determinadas por el mercado, la mayoría del capital financiero viene del Estado, el tipo de cambio es controlado y el Estado es dueño de grandes y numerosas empresas, que a su vez reciben la mayoría del crédito de los bancos estatales que dominan el mercado. El mercado de capitales chino tiene poco que ver con un mercado libre, y los ahorradores chinos están atrapados en ese sistema.
MARTIN KRAUZE
Vivimos una era de oro de las series de televisión. Son tema de conversación en cada cena de amigos y los consejos sobre las que hay que ver se valoran como las opiniones de profesionales o consultores.
IVÁN ALONSO
El gran economista estadounidense Milton Friedman solía decir que la responsabilidad social de la empresa es maximizar sus utilidades. Sería una distorsión grosera pensar que eso supone desconocer las leyes o los derechos de sus trabajadores, clientes o vecinos. La idea, más bien, es que maximizando las utilidades se maximiza la contribución del empresario a la sociedad, la diferencia entre lo que le entrega —medido por el valor que la gente está dispuesta a pagar por sus productos— y lo que toma de ella —el valor de mercado de los insumos que utiliza—.
Entre nosotros, frecuentemente escuchamos decir, sobre todo en estos tiempos de desaceleración económica, que los empresarios tienen la responsabilidad de invertir. Lo dice el presidente. Lo dicen también sus ministros. Los propios empresarios lo dicen. Pero esa es una proposición completamente distinta a la anterior.
En el primer caso, la responsabilidad apunta a un resultado y no a una acción específica. Se pueden maximizar las utilidades sin necesariamente invertir. En el segundo, la responsabilidad alude a la acción, más que al resultado de la misma. Está bien que uno invierta, pero dependiendo de las inversiones que haga, las utilidades pueden subir o bajar.
Personalmente, creemos que no se puede definir la responsabilidad del empresario como una responsabilidad de invertir. En primer lugar, porque nadie, en una sociedad libre, tiene la obligación de invertir, así como nadie tiene una obligación de consumir pisco o cebiche para engrandecer al Perú. La decisión de invertir no nace de un sentido del deber para con el país, sino de una evaluación favorable de las circunstancias económicas y políticas.
DIEGO SÁNCHEZ DE LA CRUZ
Refutamos cinco falacias de uso común empleadas de manera recurrente por los defensores del gobierno griego. ¿Hay que hacer una quita en la deuda? ¿Es necesaria una reestructuración?
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