HENRY OPORTO
La irrupción de una crisis en la minería boliviana fue advertida de varias maneras, desde que en 2012 surgieron los primeros síntomas, a raíz de la inflexión de los precios de los minerales en el mercado internacional, pero sobre todo por la sequía de inversiones, la pérdida de competitividad de las actividades mineras, el agotamiento de yacimientos, la ausencia de exploración y de nuevos proyectos de desarrollo, los problemas de institucionalidad y gobernabilidad en el sector minero. Era evidente que, más temprano que tarde, la confluencia de tales problemas iba a precipitar el derrumbe de la economía minera. Y así está sucediendo, en efecto. El colapso de la minería ya no es una perspectiva en el horizonte, es una realidad presente. Lo evidencia también la masiva y prolongada protesta del pueblo potosino. Un conflicto social de envergadura que parece anticipar el tipo de tensiones sociales que se avecinan bajo el influjo de las nuevas tendencias que marcan el enfriamiento de la economía nacional.
VÍCTOR PAVÓN
Ahora que el gobierno se decidió, afortunadamente, en dejar sin efecto su intención de elevar el tope del déficit fiscal, se requiere de una mirada desde otra perspectiva. La economía del país se encuentra supeditada a auges y contracciones porque se insiste en la economía de la demanda, o lo que es lo mismo, la versión keynesiana de la expansión del gasto y el crédito estatal para salir del estancamiento.
Esta teoría, por cierto nada novedosa, supone que el Estado es un agente dinamizador de la economía cuando sobrevienen las crisis. Se cree así que la caja estatal es más importante que el mercado libre o “amplio orden de cooperación social” como lo definió F.A. Hayek, Premio Nobel de Economía y filósofo de la libertad.
El exacerbado interés por la caja se debe a la notable influencia en el pensamiento económico de la teoría keynesiana, aquella que considera que las medidas anticíclicas, como el intervencionismo fiscal, monetario y cambiario, son necesarios para impedir que la economía caiga en recesión. Los técnicos no ven que sus políticas anti-cíclicas son las que profundizan todavía más las crisis.
Los técnicos, todos ellos muy bien formados en su teoría, están enceguecidos por sobrevalorar el rol de los gobiernos en la economía y terminan por olvidar e ignorar que no hay inversión sin ahorro previo, y esta elemental ecuación solo puede originarse en el sector privado. Por supuesto que a los políticos les viene como anillo al dedo las sugerencias de estos técnicos. Cuanto más Estado exista y metido en todo, más recursos se repartirán bajo la batuta del populismo y la corrupción.
TEÓFILO CABALLERO
La puesta en vigencia del Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF) un 1° de abril de 2004 mediante la Ley No 2646 promulgada durante el gobierno del Presidente Carlos D. Mesa estuvo íntimamente vinculado con el déficit fiscal; o sea la génesis del ITF tiene su explicación en el déficit presupuestario del Gobierno central.
MAURICIO ROJAS
Los líderes populistas de derecha y de izquierda hicieron coro en Europa y América Latina para celebrar la victoria del ´No´ en el plebiscito griego del 5 de julio.
Las voces de Marine Le Pen, Pablo Iglesias, Fidel Castro, Beppe Grillo, Nicolás Maduro, Evo Morales, Rafael Correa y Cristina Fernández, para dar sólo algunos ejemplos, entonaron la misma melodía acerca de la valentía del pueblo griego y su supuesto triunfo sobre los dictados de la “oligarquía de la Unión Europea” (Le Pen), las “agresiones externas” (Castro), “el terrorismo financiero del FMI” y “los vampiros de la banca mundial” (Maduro), “el imperialismo europeo” (Morales), etcétera. Todos coincidieron, además, con Marine Le Pen, líder del Frente Nacional francés, quien describió el referéndum griego como una “bella y gran lección de democracia”.
Mayúscula sería la sorpresa de este coro populista cuando el primer ministro griego y líder de Syriza, Alexis Tsipras, aceptó un paquete de reformas aún más duro que aquel que había sido rechazado en el referéndum del 5 de julio. El gran héroe de la resistencia antiimperialista pasó, en cuestión de días, a ser un traidor y un silencio que dice más que mil palabras selló, al menos por el momento, las locuaces bocas de los líderes populistas.
Desde el horizonte de La Habana, Yoani Sánchez retrató de esta manera el abrupto cambio acontecido: “Hace una semana era un héroe aupado por los medios oficiales cubanos, hoy es un cadáver político al que muchos temen aludir. Alexis Tsipras ha negociado y ha perdido. Sobre su bravuconería inicial se ha impuesto la cordura, y el pacto que acaba de aceptar lo convierte en un traidor a su propia política. Dentro de su partido ya se escuchan las voces críticas por el acuerdo que ha cerrado con la Eurozona y en la habanera Plaza de la Revolución guardan un incómodo silencio”.
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