Economía

ARMANDO MÉNDEZ 

En un reciente artículo de opinión de mi autoría, con el título, “La trampa del estatismo”, planteo que el creciente gasto público, que busca dinamizar la economía e impedir cualquier recesión económica, al final termina en recesión, porque no es sostenible una continua expansión del gasto público. Llega el momento que se tiene que frenarlo, lo cual lleva a las impopulares políticas de austeridad, que significa freno al gasto público.

JUAN CARLOS HIDALGO 

Tras poco más de una década de aceptable crecimiento, las economías latinoamericanas están entrando en una etapa de marcada ralentización. La bonanza sirvió para lograr avances significativos en materia social, pero el hecho de que no alcanzara para sacar a millones más de la pobreza ha llevado a que se afirme que el crecimiento no es suficiente y que, por lo tanto, se requiere de una acción estatal redistributiva más decidida. ¿Es este el caso?

Del 2003 al 2014 el crecimiento de América Latina (excluyendo las naciones angloparlantes) promedió 4,6% anual. No obstante, esta cifra oculta grandes disparidades en el desempeño individual de los países. Por un lado, Panamá (8,4%) y Perú (6%) fueron las economías que más crecieron durante este período. El Salvador (1,8%) y México (2,6%), las que menos. En líneas generales, en esta década la región se benefició de estabilidad macroeconómica —producto en gran parte de las vilipendiadas reformas de los noventa— y del alto precio de materias primas como petróleo, cobre y soja.

Cabe señalar que el efecto del crecimiento en los ingresos puede verse neutralizado si la población de un país aumenta a un ritmo similar o mayor al de la economía. En términos per cápita, Panamá (6,5%) y Uruguay (5%) son los países donde el ingreso promedio aumentó de manera más sostenida. Guatemala (1%) y México (1,3%) en donde menos. Esta distinción —que parece evidente— resulta muy relevante.

GARY RODRÍGUEZ 

Los productores arroceros del país están desesperados por la creciente pérdida del mercado interno y los bajos precios, que “no dan ni para cubrir el costo”. Según datos del INE, la importación de arroz en Bolivia ha crecido en los últimos años hasta alcanzar un nuevo pico de casi 80.000 toneladas por $us 43 millones en 2014, sumando hasta marzo pasado 18.000 las toneladas importadas, por 8 millones de dólares, producto de su bajo precio.

ciudadcapitalistaMARTÍN LAGOS

No hace falta recurrir a la teoría económica, sino tan solo a la evidencia para comprobar que los países que a largo plazo logran el mayor crecimiento y la menor desigualdad posibles son aquellos en los que: