Economía

desigualdades2THOMAS SOWELL 

Los medios de comunicación y el mundo académico viven obsesionados con los "diferencias" y las "desigualdades" en los sueldos. Como decía un tertuliano, "no tiene sentido" que un ejecutivo gane 50 millones de dólares al año.

propiedad-privada1GABRIEL ZANOTTI

Es un gusto estar aquí en este seminario organizado por el Instituto Ecuatoriano de Economía Política y compartir esta mesa con tan ilustres oradores. Vamos a desarrollar este tema tan delicado que tiene que ver con la relación entre la propiedad privada y la pobreza.

GABRIELA CALDERÓN 

Una falacia común en debates es aquella del hombre de paja, mediante la cual no refutas los verdaderos argumentos del oponente sino que te inventas argumentos fáciles de rebatir —el “hombre de paja”, los derribas y se los atribuyes al oponente. Veamos como funciona en el caso del mentado eslogan.

Resulta extraño que al liberalismo clásico, aquella corriente que históricamente ha defendido no solo la libertad política y civil de los individuos sino también su libertad en el ámbito económico, se le endilgue la postura de ignorar al ser humano. ¿Por qué? Los más destacados economistas del liberalismo clásico siempre utilizaron como punto de partida para su análisis la misma unidad: el individuo. Fueron otras corrientes colectivistas —socialismo, fascismo, corporativismo, etc.— las que desviaron el enfoque desde el individuo hacia lo que Jorge Luis Borges consideraba como “meras comodidades intelectuales”1: las clases sociales, las nacionalidades, las naciones-estado, etc.

Por ejemplo, Adam Smith en su obra más conocida, La riqueza de las naciones, indica que “cada individuo” por su conocimiento de “la situación local” es mucho mejor juez que “cualquier estadista o legislador” para determinar a qué especie de industria destinar su capital.2 Este concepto lo desarrollaría con mayor precisión siglos después el Premio Nobel de Economía Friedrich A. Hayek en su ensayo clásico “El uso del conocimiento en la sociedad”.3

EMILIO J. CÁRDENAS

A quienes seguimos de cerca la evolución de la situación de Venezuela no nos sorprende demasiado que la prestigiosa Fundación Gétulio Vargas, que a través de su Instituto Brasileño de Economía mide anualmente el "clima económico" de los distintos países de la región, acabe de informar que el menos atractivo de todos esos "climas" es hoy el de Venezuela. Precisamente aquel que nosotros pareciéramos empeñados en replicar.

Lo que, en cambio, sí es sorprendente, es la visión de Venezuela que tiene públicamente la principal "calificadora de riesgo" china. Particularmente después que China y Venezuela, envueltos en la retórica, acaban de suscribir una panoplia de 38 nuevos acuerdos de cooperación socioeconómica, que ya forman parte de los 400 acuerdos bilaterales suscriptos entre los dos países desde 1999 hasta la fecha.

Me refiero a la calificadora china Dagong Global Credit Rating, que fuera fundada en 2009, conjuntamente por el Banco del Pueblo y por la Comisión de Comercio y Economía del Estado de China.

Para Dagong, Venezuela enfrenta graves desequilibrios macroeconómicos que son capaces de sumirla, en el corto plazo, en una recesión. Si esto ocurriera, la calificadora china cree que el malestar social que ya existe en Venezuela podría exacerbarse.