Economía

Mauricio Ríos

En agosto de 2013, cuando el 6,8% del PIB marcaría previsiblemente el pico del crecimiento económico de Bolivia, se planteó el desafío no sólo de cuestionar su sostenibilidad, sino además ofrecer una explicación en términos económicos y con carácter prospectivo. Aunque el principal responsable no se tomó por aludido desde entonces, no fueron pocos quienes tomaron la posta, pero a tan sólo un año, y con los nuevos datos que se presume son confiables, es necesario explicar lo que para muchos de ellos podría más bien constituir un enigma: si el crecimiento se debe al estímulo de la demanda interna, ¿cómo puede ser que a la vez que se ejecuta el mayor programa de gasto estatal que se ha registrado en el país, hoy la economía no sólo no registre un crecimiento aún mayor, sino que además la cifra del 5,5% para 2014 signifique una desaceleración de más de un punto porcentual del PIB?

chileMAURICIO ROJAS

Hace no mucho participé en una reunión convocada por Mario Vargas Llosa en Madrid donde el tema de Chile ocupó un lugar central. 

GABRIELA CALDERÓN 

El gobierno de la “Revolución” nunca ha podido esconder su nostalgia por aquellos tiempos en que los políticos ecuatorianos tenían el monopolio de emisión de moneda y podían obligar a los ciudadanos a aceptarla. El Código Orgánico Monetario y Financiero recientemente aprobado en la Asamblea es solo la última muestra de esto, conteniendo múltiples provisiones que solo son aplicables en una economía desdolarizada. La nostalgia es comprensible. Históricamente, es este monopolio estatal, el de poder emitir una moneda nacional de curso forzoso, el que ha servido a los reyes y gobiernos alrededor del mundo para financiarse de manera casi ilimitada, pues le endosan la cuenta a sus súbditos mediante un impuesto disfrazado llamado inflación.

En el libro La desnacionalización del dinero (1976), el Premio Nobel de Economía F.A. Hayek señaló que los estados no siempre tuvieron la capacidad de darle valor a piezas de papel mediante el monopolio de emisión y el curso forzoso de papelitos con dudosa liquidez. Durante más de 2.000 años la función del estado en relación a la moneda se limitó a acuñar monedas de oro, plata y cobre. Se suponía que el papel del estado no era crear dinero de la nada sino más bien dar fe del contenido metálico de la moneda.

Pero Hayek cuenta que eventualmente los reyes se dieron cuenta de que podían disminuir el contenido metálico de la moneda, financiando así su gasto. La inflación que siempre resultaba de esta devaluación de la moneda, se utilizó después para justificar controles de precios, restricciones al comercio, entre muchas otras políticas estatistas que conducen a la reducción de la libertad individual. Si le suena familiar es porque esta es la historia reciente de Argentina y Venezuela.

ALFREDO BULLARD 

Un buen día, a principios de diciembre de algún año, papá llego con un pequeño pino para usarlo como árbol de Navidad. Lo regaron, lo abonaron y lo cuidaron, y creció sano y fuerte.

Cada año los integrantes de la familia veían que podía soportar más y más adornos. Desde bolas de cristal hasta Papa Noeles, pasando por estrellas, angelitos y nacimientos. El árbol crecía y con él crecía el número de ornamentos.

Llegó un momento que todos prestaban más atención a la decoración que al árbol mismo. Ni lo regaban, ni lo abonaban ni lo cuidaban con la misma intensidad y frecuencia. Pero el árbol, fiel a su destino, siguió creciendo en tamaño y también en decoración.

Pero todo tiene un límite. El árbol, por el descuido y la dejadez, un buen día dejó de crecer. Aun así, la familia le añadía más y más adornos. Un aspecto barroco, recargado y hasta huachafo desdibujaba su anterior apariencia sólida y robusta. Fue perdiendo estabilidad. Pero ya a nadie le importaba. Había que colgarle más bolas, estrellas y angelitos.

Hasta que un día las ramas recargadas se doblaron y el tronco se quebró. Ya era demasiado tarde.