IVÁN CACHANOSKY
Es muy común entre muchos economistas decir que la emisión es necesaria para el crecimiento económico.
JUAN CARLOS HIDALGO
Por muchos años los economistas han estudiado si existe una "trampa de los países de ingreso medio", que explicaría por qué algunas naciones parecen quedarse a medio camino entre la pobreza y la prosperidad. El análisis es pertinente cuando en América Latina tenemos un país que, estando a las vísperas del desarrollo, parece empezar a renegar de su propio éxito.
Según la teoría, los países de ingreso medio pueden verse atrapados en el subdesarrollo al no poder competir con las naciones más pobres en abundancia de mano de obra barata ni con los países ricos en desarrollo tecnológico. La ausencia de estas ventajas competitivas explicaría por qué las naciones parecen experimentar una caída en sus tasas de crecimiento económico cuando el ingreso per cápita nacional se encuentra entre los US$ 11 mil y US$ 16 mil, aproximadamente, medido en paridad de poder adquisitivo (PPA).
Sin embargo, como señalara la revista "The Economist" en un artículo ilustrativo hace un año, la evidencia empírica no parece sustentar dicha tesis. Si bien un país puede sufrir una desaceleración en su ritmo de crecimiento conforme converge con naciones desarrolladas, en ningún sentido esto implica un estancamiento económico. Eso parece ilustrarlo el caso del país más avanzado de América Latina.
Con US$ 19.067 (PPA) en el 2013, Chile tiene el ingreso per cápita más alto de América Latina. Su éxito económico ha sido acompañado de grandes avances sociales e institucionales: la CEPAL señala que cuenta con el desempeño más impresionante en reducción del nivel de pobreza en los últimos veinte años en la región (de 45% en 1990 a 11% en 2011). Chile encabeza a América Latina en desarrollo humano, según las Naciones Unidas. Y el World Justice Project lo coloca como el país con las instituciones democráticas más fuertes de la región, un hecho destacable, puesto que fue la última nación de Sudamérica en abandonar la dictadura militar.
ROBERTO ORTIZ
Esta ciudad está llena de capitalistas salvajes, desde el más humilde de los pastilleros, hasta el más rico de los empresarios. Estos –emprendedores- capitalistas viven y conviven todos los días felizmente en el mercado de la ciudad de Santa Cruz.
En este gran mercado, el cual se divide en la “Siete Calles”, “Los pozos”, “El abasto”, las mismas calles y hasta el “Centro Empresarial de Equipetrol”. Se compite de la manera más audaz, solo y únicamente para ganar el voto del consumidor, es decir, su compra.
ARMANDO MÉNDEZ
El denominado G77 más China, que nació en 1964, hoy cobija a 133 países. Surgió en una época en que la planificación económica nacional parecía una alternativa de organización económica superior a la economía de mercado, al capitalismo, razón que impulsó a pensadores socialistas que esto mismo se podía trasladar al mundo. Su propósito era el “nuevo orden económico mundial” que sustituyese al que se imponía, la globalización económica a través de la liberalización de los mercados nacionales. Desde entonces, la característica generalizada ha sido la continua reducción de las barreras arancelarias en todo el mundo, no como consecuencia de las decisiones del G77, que son irrelevantes y discursivas, sino como producto del desarrollo del capitalismo.
Durante todo este último tiempo lo que se logró es que los países desarrollados levantasen barreras arancelarias en favor de los países menos desarrollados, lo que va en concordancia con la liberación de los mercados nacionales. La preferencia a los países menos desarrollados iba en directa relación con el pensamiento europeo social demócrata o social cristiano, dominante de la época, quienes en la práctica habían continuado con las políticas comerciales proteccionistas de los estados que se intensificaron desde la primera guerra mundial.
La primera guerra mundial dio por concluido el “siglo XIX liberal” en el mundo, un liberalismo inicial y modesto, que hasta entonces se suponía como el preámbulo para que en el mundo se impusiese la plena economía de libre mercado, lo cual no sucedió.
Los pensadores socialistas en el mundo han ido colocando en las agendas de discusión de las reuniones burocráticas de los políticos en los organismos internacionales los temas relacionados con el denominado “desarrollo sostenible y medio ambiente”, “cambio climático”. En la práctica sus estériles disquisiciones – que explican la ausencia de productividad y desnudan que esa gente obtiene ingresos sin producir nada- abarcan una gran variedad de temas: cooperación sur-sur, comercio, industria, agricultura, energía, alimentos, sistema financiero, etc.
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