Iván Carrino
En Argentina nos caracterizamos por dar buenos insultos. Las “puteadas” argentinas fascinan a los españoles a un punto tal que dos diseñadores crearon una página de Internet llamada “Insultá Como un Argentino”.
El famoso dibujante y escritor Roberto Fontanarrosa, en un Congreso de 2004, también hizo un elogio de las malas palabras, y como ejemplo puso al famoso vocablo nacional que empieza con la letra P. Es que no es lo mismo decir que una persona es un tonto a decir que es un p€l0t#&@…
Ahora bien, en ese mundo de las malas palabras autóctonas, destaca uno que, cuando es recibida, el rival queda herido de muerte. Es difícil levantarse después de tamaño cachetazo verbal. Esa “mala palabra” puede escribirse perfectamente sin violar las normas del decoro.
Se trata del adjetivo “neoliberal”.
Uno puede ser muy P… y muy H…, pero si es “neoliberal”, ¡ay dios mío!
Bueno… sin más prolegómenos, así es como Cristina Fernández de Kirchner se refirió al presidente Macri y a su período de gobierno.
WILLIAM HERRERA
Esta campaña electoral promete introducir el federalismo como un elemento central del debate político, y conocer a los candidatos que están con el centralismo presidencialista desde que 1825, y aquellos otros que buscan una forma de Estado lejos del que hemos tenido a lo largo de nuestra historia republicana.
La Constitución de los Estados Unidos de 1787, fue la primera en crear el Estado Federal, que luego se extrapoló a otros continentes. El origen del federalismo se remonta a las trece colonias inglesas unidas por conveniencia y móviles económicos, políticos y religiosos. Y como buscaban un sistema que las uniese frente a Inglaterra, crearon la confederación sacrificando algunas prerrogativas a favor del conjunto, y un ente de rango superior.
El federalismo fue hecho para unir lo que estaba desunido, y no para desunir lo que estaba unido. El Estado Federal se ha presentado como solución ideal al problema del reparto del poder político, en igualdad de condiciones, entre el Estado central y las otras entidades políticas. Todo esto significa que cada Estado miembro dispone de un orden constitucional propio, lo cual corresponde a todo un sistema estatal (autonomía de la administración, de la justicia y de la legislación).
MATHEW SPALDING Y KIM HOLMES
Los Fundadores de América sabían que la libertad es algo más que solamente garantizar las libertades políticas. La verdadera libertad requiere libertad económica – la capacidad de beneficiarnos de nuestras propias ideas y trabajo, de trabajar, producir, consumir, poseer, negociar, e invertir según nuestras propias preferencias.
Thomas Jefferson subrayó ese punto cuando señaló que “Un gobierno sabio y frugal, que impida que los hombres se hagan daño mutuamente, los dejará ser libres para regular sus propios objetivos de trabajo y mejora”.
Esta creencia en la libertad política y económica ha tenido verdaderas consecuencias. Los americanos han cultivado, acumulado y compartido a través de su sociedad la mayor provisión de riqueza personal y nacional de la historia. Por increíble que parezca, George Washington lo predijo cuando señaló que un pueblo, “dueño de espíritu comercial que ve y va en busca de su provecho puede lograr casi cualquier cosa”.
¿Por qué debería importar hoy la libertad económica a los americanos?
Los Fundadores de Estados Unidos siempre tuvieron un preclaro sentido de la importancia de la libertad económica y de la medida en que está entrelazada con la libertad política. La Revolución Americana comenzó como una rebelión fiscal: “No a los impuestos sin representación”; fue una rebelión contra políticas económicas sobre las cuales no tenían ni voz ni voto. Ese fue el punto de ruptura, la reacción a una larga lista de agravios sin contestar contra un gobierno distante que abusaba repetidamente de sus derechos.
A la luz de esta “larga cadena de abusos y usurpaciones”, la Declaración de Independencia hizo valer la libertad de Estados Unidos apelando a los derechos fundamentales del hombre a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Y la búsqueda de la felicidad que los Fundadores entendían requiere la protección de la propiedad porque el derecho a disfrutar del fruto del propio trabajo es un principio fundamental de la libertad.
MATHEW SPALDING
En 1776, cuando Estados Unidos anunció su independencia como nación, estaba compuesto por trece colonias rodeadas de potencias hostiles.
Hoy, Estados Unidos es un país con cincuenta estados que cubren un extenso continente. Sus fuerzas militares son las más poderosas del mundo. Su economía produce casi una cuarta parte de la riqueza del mundo. El pueblo americano está entre los más trabajadores, píos, afluentes y generosos del mundo.
¿Es América excepcional?
Cada nación adquiere significado y razón de ser a partir de un cierta cualidad unificadora – un carácter étnico, una religión común, una historia compartida. Estados Unidos es distinto. América fue fundada en un momento especial, por gente especial, partiendo de unos principios especiales acerca del hombre, la libertad y el gobierno constitucional.
La Revolución Americana hizo uso de antiguas ideas. Estados Unidos es el producto de la civilización occidental, moldeado por la cultura judeocristiana y las libertades políticas heredadas de Gran Bretaña.
No obstante, fundar Estados Unidos también fue revolucionario. No en el sentido de sustituir a un grupo de gobernantes por otro o de provocar la caída de las instituciones de la sociedad, sino de poner la autoridad política en manos del pueblo.
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