JAVIER PAZ 

Los estatistas para tratar de justificar el agrandamiento del Estado a menudo recurren al argumento de que el mercado no es perfecto, que existen externalidades, falta de información y asimetrías que justifican la intervención estatal. Este argumento no considera que también existen externalidades, asimetrías e imperfecciones inherentes a la intervención estatal.

Los estatistas presumen que un burócrata o un grupo de burócratas pueden con facilidad:

A) encontrar las imperfecciones del mercado,

B) determinar la magnitud de dichas imperfecciones y

C) corregirlas de manera eficaz y eficiente.

Sin embargo ni A, ni B, son fáciles de lograr pero incluso cuando se puede determinar la existencia de una imperfección y su magnitud, la intervención estatal a menudo puede ser más costosa y distorsionante que la misma distorsión del mercado que se trata de remediar. Como indicaron James Buchanan y Gordon Tullock en su seminal libro El Cálculo del Consenso, la acción del Estado, también provoca externalidades y que por lo tanto “la existencia de efectos externos del comportamiento privado no es una condición necesaria ni suficiente para que una actividad sea puesta a cargo de la acción colectiva”. Por lo tanto la intervención estatal se justifica solo si las externalidades causadas por la intervención estatal son menores a las externalidades causadas por el mercado.

GILBERTO RAMÍREZ

“Tu ne cede malis, sed contra audentior ito”, hizo de lema personal el “último caballero del liberalismo”, como lo fue Ludwig Von Mises, al citar al inmortal vate latino Virgilio. Lo que al parecer no fue sino una frase de inspiración en los años del Akademisches Gymnasium en la Viena de finales de siglo XIX, se convirtió en una convicción de vida.

Para aquel Eneas contemporáneo que fue Mises, quien tuvo que recrear su Troya perdida en el exilio en los Estados Unidos al huir de una Europa que sucumbió a la omnipotencia gubernamental, no podía ser más contundente una admonición que invitaba no solo a nunca ceder ante el mal, sino a combatirlo con mayor audacia, como efectivamente traduce la frase clásica que citamos al inicio.

Y es que un legado como el de Mises, que bien puede ser resumido en aquella afirmación con valor de sentencia, es precisamente el que me permito retomar para, -como oportunamente lo han señalado quienes han reflexionado sobre la necesidad de una liberación militar en Venezuela-, saber que tanto hemos cedido ante el mal con ocasión de la instauración del socialismo en el vecino país, y que implica combatirlo con mayor audacia respecto a considerar la opción de una intervención militar.

De antemano quiero advertir que lo que me propongo sostener acá tiene el propósito explicito de provocar a todos aquellos que, reconociéndose como liberales o libertarios, han hecho de la defensa de la libertad la premisa fundamental de la acción política y que, por ende, debemos estar dispuestos a combatir la tiranía hasta las últimas consecuencias.

igualdaJUAN CARLOS HIDALGO

El igualitarismo es uno de los principios fundamentales de la izquierda,

LUIS CHRISTIAN RIVAS 

Es muy conocida la influencia decisiva que tuvieron pensadores liberales como F.A. Hayek y Milton Friedman sobre líderes de derecha conservadora como Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Inglaterra, ambos intelectuales eran conscientes que sus ideas germinaban en políticas públicas aplicadas al gobierno y estaban contentos por esto.

En una entrevista al diario chileno el Mercurio en abril de 1981, Hayek se presentó como un enemigo del Estado de bienestar y decía para asombro de todos: “Mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal y no a un gobierno democrático donde todo liberalismo esté ausente… una dictadura puede ser un sistema necesario para un período de transición. A veces es necesario que un país tenga, por un tiempo, una u otra forma de poder dictatorial. Como usted comprenderá, es posible que un dictador pueda gobernar de manera liberal”, quienes estudian las teorías políticas, entenderán que una “dictadura” es un régimen autoritario de naturaleza transitoria y temporal, por ejemplo, Lucio Quincio Cincinato fue dictador por motivos de urgencia para defender la república romana, luego de un periodo corto de tiempo, regresó a sus quehaceres agrícolas de manera honrada, de la misma forma que George Washington fue un dictador durante la convulsión de la revolución norteamericana, en honor del romano, Estados Unidos tiene una ciudad de nombre Cincinnati.