DANIEL RODRÍGUEZ 

Alguna vez he contado que comencé a leer a los grandes liberales tras escuchar al gigante francés Jean-François Revel en el programa nocturno que dirigía Losantos en la COPE. Hablaba un español bastante mejor que el mío y me decidí a leer el libro que estaba promocionando en ese entonces, La gran mascarada. Pero el que leí a continuación fue el célebre Camino de servidumbre, que el pasado 10 de marzo cumplió 70 años. Quizá no sea el primer libro que deba leer un liberal o alguien que quiera entender el liberalismo, porque es de prosa un poco farragosa; pero sí, desde luego, uno de los primeros.

En plena segunda guerra mundial, Hayek observó que la lucha contra el nazismo no estaría completa si no se combatía la raíz intelectual de los fenómenos totalitarios que arrasaban Europa. Por esta razón, a modo de advertencia, se puso a escribir un libro pequeño, en el que pensaba que sólo ponía de manifiesto una serie de obviedades sobre las consecuencias inevitables de la planificación central de la economía. Pese a que el austriaco nunca estuvo del todo satisfecho de ella, esta obra se convertiría en la más leída de entre las suyas, y en uno de los ensayos políticos más importantes del siglo XX.

Hayek conocía perfectamente los problemas económicos que inevitablemente trae consigo el comunismo, después de su papel central (junto a su maestro Mises) en el debate sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo. Sabía, pues, que ninguna de las formas totalitarias que entonces gobernaban en Europa (nazismo, fascismo y comunismo) traería ningún bien, sino una mayor miseria. Pero quedaba por aclarar que los horrores provocados por este tipo de regímenes –las matanzas masivas, la destrucción absoluta de la libertad– eran también una consecuencia inevitable del colectivismo.

OVIDIO ROCA 

China y Rusia, reconduciendo la doctrina estalinista y maoísta se han tomado la tarea de hacerse cargo, como imperios renacidos, del dominio del mundo. Países ambos de origen y esencia comunista, han dejado de lado sus pasados errores: economía planificada, propiedad y empresas estatales, nacionalizaciones. Ahora ponen en manos de la iniciativa privada la actividad económica y se preocupan de atraer inversiones externas.

Pueden entonces dedicarse con fruición a lo que les gusta y saben hacer muy bien: ejercer el poder absoluto, manejar el aparato del Estado, controlar los medios de comunicación y reprimir a la población eliminando todo atisbo de libertad individual. Son gobiernos de partido único, detentan el monopolio de la fuerza y del Estado aunando en sí todos los poderes, y no están sujetos a fiscalización de nadie.

VÍCTOR BECERRA 

Prácticamente desde el inicio de su gobierno y con poquísimas excepciones, las izquierdas latinoamericanas idolatraron a Hugo Chávez y sus ideas del Socialismo del Siglo XXI. Su desbocada gestión, entre insultos a EE.UU., masivas expropiaciones y la creación de un eje “anti-imperialista” latinoamericano, junto con el trabajo de lobby que la dictadura cubana hizo a favor del chavismo, a cambio de petróleo, acrecentó aún más la admiración.

palabras1GABRIELA CALDERÓN 

A muchos nos resulta indignante que organismos internacionales, que en otras ocasiones, menos claras que la actual represión en Venezuela, se convocaron rápidamente para “defender la democracia”, ahora guarden silencio.